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DIALOGO INCONCLUSO (por qué y para qué, madre) poema de OSCAR PORTELA
Por qué madre, para qué, estéril la pregunta,/ un yelmo fantasmal vacío, llena la espectral figura, por qué, para qué, para qué si contestar no puedes,/ un enviado a este país de sombras, por excesiva luz,/ a este país de arena y agua y llanurales/ con excesivos verdes, tormentas y rayos, y vaciado de todo/, con el alma aherrojada por diminutos duendes, y engañosos daimones, / para qué la pregunta, para qué si así deyecto entre futuras ruinas y silencio, y torva soledad de turba, por qué a mí, por qué así/ aherrojado a finitud y muerte/ de la madera de los sueños hecho/ así y aquí, / expuesto desde siempre/ a gravosa penuria que invade este país de nada / nada, nada, / más que memorias espectrales,/ y el abandono de sentir la pena de una eterna deriva / este cuerpo de humo que los espejos / de repetidas pesadillas no reflejan/ cuerpo ya abandonado por el cuerpo / y aun así, preguntando, / por qué, y para qué madre/ de aquel hilo de luna del mayo que pasó/ entregada a las aves nocturnas y a los linces, diste parte de mí, a los brazos de un hombre / vacío de pasiones, abandonado, / y sólo sostenido por el diurno celo de tus manos, en el aire deste país que gime la noche en que gestaste una alada pregunta,/ sin más peso que el leve soplo de la informe Gorgona/ que ha convertido en piedra y en espera de nada, nada/este nombre que luego abandonaste a la intemperie insana de la palabra/ a la llama que convierte en ceniza/ al abismo donde habita el infierno de los otros/ presos de la bárbara nada, nada, nada/ por qué el beso, la pasión, la ternura/ para qué la estrecha puerta por donde se entra a la nada del Otro/ a las puertas cerradas del infierno del Otro,/ oh madre/ de muerto sí, aquí, así/ en este continente donde reinan la nada y los dioses han muerto/ como yo/ como tú/ y ni las huellas quedan de las vagas promesas de los días radiantes! / ay, no, no buscaré la sangre, me iré, me iré, sin molestar al viento ni a los árboles/ sin que la nada sepa que me espera/ y dormiré milenios/ sin que nadie me llame/ y tú madre/ ya no podrás llamarme ni en los sueños/ porque toda ceniza/ se confunde solísima a infinitud, en este camino/ que se aparea con el viento.
Mayo 1950/ mayo 2005 :(en mis 55 años)
Imagen:
http://www.corrientesaldía.com.ar
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