Ameba     Fecha  1/12/2005 
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VOLUNTARISMO DETERMINISTA

Más vale tarde que nunca. Últimamente estoy un poco vago y tampoco tengo tanto tiempo como antes.

Con el formato actual del foro prefiero crear un hilo nuevo aunque no sea políticamente correcto.

Respuesta a Juan
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Intentaré contestarte dentro de lo posible a eso del “voluntarismo determinista” (1) y de paso demostrar un poco más el sentido de la frase de Javier en una de sus últimas intervenciones (“la creencia en la libertad implica el rechazo del determinismo”).


(1) “No obstante, me gustaría que Ameba explicara algo mejor el párrafo que copio a continuación porque, si no lo entiendo mal, esa “voluntad” de la que habla es el “determinismo” del que hablan otros.”

«(...). Está claro que la conciencia, la moral, la voluntad o la libertad son conceptos humanos. En este sentido, la voluntad se puede considerar como un constructo metafísico, sin embargo, dicho concepto se puede entender de otra forma. Ya que lo que hay detrás, es decir, los procesos cognitivos, no es exclusivo del ser humano, depende de la evolución cortical, y lo importante es que conlleva hablar de memoria, inteligencia y, sobre todo, de capacidad para tomar decisiones. Esto último es lo más cercano al concepto de voluntad que yo conozco y/o que se puede expresar desde un punto de vista científico. Sería, por tanto, un concepto de la voluntad muy alejado de la metafísica. (…)»

Esto puede parecer una locura, pero creo que necesitaría una mayor explicación de lo que quieres decir con esto. ¿Dónde está el determinismo, en lo que digo que hay detrás de la voluntad? Desde un cierto nivel de análisis se puede decir que sí, que (se puede extraer de mis palabras) existe en cierta forma una especie de determinismo estructural (superficialmente hablando). Sin embargo, de lo que estamos hablando es del determinismo en la conducta, por lo que no encuentro sentido, como voy a explicar a continuación, a lo que dices.

Pero vayamos por partes. En primer lugar para poder responderte adecuadamente es necesario delimitar y definir los conceptos, más de lo que lo hemos hecho ya, porque es posible que cuando hablamos de determinismo y voluntarismo no estemos hablando todos de lo mismo. Definiendo estos conceptos más o menos histórica y operativamente y aquellos de los que emana, podremos evitar ciertas ambigüedades e interpretaciones más o menos intencionadas, así como precisar qué entendemos cuando hablamos del determinismo de la conducta y, ya que lo pides, qué significa normalmente la apelación a lo metafísico en este contexto.

He hecho acopio de lo que he encontrado por ahí sobre el particular. Que he resumido más para entenderlo yo que otra cosa.

El determinismo es una teoría filosófica que afirma que todo fenómeno o acontecimiento responde a una causa. Naturalmente esta sencilla definición tiene una versión fuerte (la universalidad del fenómeno) y otra débil. Es decir, si es aplicable a la totalidad de lo existente (o de lo conocido) o no.

Las ideas deterministas surgen con el atomismo griego y alcanza una base más amplia con los científicos materialistas de la edad Moderna (por ej., Newton y Laplace). Hasta el S. XIX el determinismo es mecanicista y absoluto. Este determinismo deriva en fatalismo (predeterminación, destino) que, aunque proveniente del materialismo mecanicista, se acerca peligrosamente al concepto de providencia divina (determinación teológica). En el siglo XIX se supera el mecanicismo con el surgimiento de los materialismos marxistas (dialéctico e histórico), pero más que por ser una superación del mecanicismo (al no tratar los mismos contenidos) por serlo del idealismo hegeliano, existiendo por tanto una interpretación fatalista (interpretación teleológica de la historia) bastante plausible del marxismo. En Marx hay un determinismo materialista dialéctico que se sustenta en causas económicas (determinismo económico) pero en su relación dialéctica con los factores superestructurales. En eso se diferencia del otro gran determinismo económico que surge en la misma época, el liberal, que hunde sus raíces en el darwinismo social (Spencer), el cual procedía de una interpretación reduccionista (determinismo biológico) e interesada de las ideas de Darwin. Durante el S. XX surgen distintos determinismos que, lógicamente, devienen contaminados por sus “predecesores”. El psicoanálisis (determinismo pulsional); el conductismo (determinismo ambiental), sobre todo en su evolución radical (Skinner); y el determinismo genético, sobre todo en sus derivaciones actuales (Sociobiología). También en el siglo XX surge la teoría general de sistemas, que algunos han querido definir, a mi entender erróneamente como determinismo estructural, como superación y crítica al determinismo reduccionista y mecanicista (y de su contrario, el vitalismo espiritualista).

¿Cuáles de estos determinismos (ideologías del determinismo) niegan la existencia de la voluntad? Es difícil responder a esta pregunta ya que la mayoría de estos determinismos manejan contenidos parciales o, en el caso de pretender otra cosa lo hacen sin una base conceptual y científica mínima.

Por ejemplo, el conductismo es claramente determinista y el asociacionismo E-R (estímulo respuesta) es un dato científico indiscutible. Sin embargo, simplificar y reducir la conducta humana a este tipo de asociaciones es una locura, incluso en la versión más elaborada del conductismo radical de Skinner.

El indeterminismo, en cambio, niega el carácter universal de la causalidad (en su forma extrema, niega la causalidad en general). La voluntad se puede considerar como una forma de indeterminismo, pero esta forma de definirla no contiene ni mucho menos todo lo que quiere decir. El voluntarismo extremo niega toda forma de determinismo. Pero incluso en las interpretaciones más extremistas del voluntarismo teológico esta cuestión no está clara. Más bien es contradictoria como ya has comentado en una de tus intervenciones.

Excepciones en la regla tenemos a Schopenhauer, que contrapone libertad y voluntad, y en donde el determinismo psicológico (motivos) es voluntad universal (de vivir), al negar la realidad (“el velo de Maya”) este filósofo piensa que al hombre sólo le queda la supresión de la voluntad mediante el ascetismo para alcanzar la libertad. Y algo parecido se puede decir de Nietzsche, fatalista (eterno retorno) y voluntarista (voluntad de poder) al mismo tiempo.

El concepto de voluntad es indisociable tradicionalmente del concepto de libertad. El concepto de libertad tiene dos acepciones según los escolásticos, libertad de hacer (ausencia de determinación externa en el sentido de coacción exterior) y libertad de querer (ausencia de determinación interna). Este último concepto es el que tradicionalmente se ha traducido como voluntad. Y se ha relacionado tradicionalmente con el libre albedrío. Es obvio que este planteamiento es una simplificación pero nos sirve para los objetivos de este texto. En el acto voluntario hay un momento que se denomina decisión. Es este momento el que plantea dos posibles respuestas: la voluntad no es libre en sus decisiones (el determinismo); la voluntad es libre es sus decisiones (el indeterminismo).

El concepto de voluntad es en su origen esencialmente filosófico. La tradición escolástica establece su vinculación con la ética y la define como la facultad que tiene por objeto el bien conocido por la inteligencia, por su propio de efecto el hombre tiende hacia aquello que la inteligencia le presenta como bueno y renuncia lo que le presenta como malo. Es decir, la voluntad presupone una actividad inteligente y, por tanto, desde esta perspectiva, moral.

El concepto clásico de voluntad nació (o se desarrolló) filosóficamente con la Escolástica, este hecho contaminó el concepto en su origen al relacionarlo con la teología, con las bases filosóficas y éticas del contradictorio dogma cristiano, esto es, el libre albedrío y la providencia. Este concepto clásico y sus ramificaciones ideológicas fueron vapuleados, no sin razón, por el pensamiento moderno. Y hay poco que discutir sobre ello. Sin embargo, el concepto evoluciona al desembarazarse de sus connotaciones teológicas. Al quedar “desnudo” de dogmas no le quedaba más que relacionarse con nuevos paradigmas y teorías científicos. A finales del S XIX y, sobre todo, a mediados del siglo XX este concepto toma una forma diferente.

Así surgen una serie de pensadores y teorías que se caracterizan por dar una mayor importancia a conceptos mentalistas (conciencia, yo, voluntad, mente, intencionalidad, etc.) en contra de las teorías deterministas dominantes en la época. En un primer momento el estudio de la conciencia (Wundt, de la intencionalidad de la conciencia (Brentano, Husserl), William James y la psicopatología fenomenológica (Jaspers); y posteriormente la teoría del procesamiento de información, los estudios sobre los procesos cognitivos y la psicolingüística (Chomsky) ofrecerán una perspectiva para el estudio de la voluntad ya apartado, quizás para siempre, de la metafísica. Los estudios sobre motivación, adaptación al medio, procesos cognitivos (memoria sensorial, memoria a corto plazo, tiempo de reacción, percepción, atención, toma de decisiones, …), lenguaje, inteligencia, etc., nos dicen que lo que tradicionalmente se llamó voluntad ahora tiene otros nombres (o está relacionado con otros conceptos) más próximos que nunca al método científico.

Una vez introducida la historia de estos dos conceptos podemos meternos en harina, por lo menos en aquella en la que no nos hayamos metido en los anteriores mensajes.

El problema quizás sea que la dicotomía determinismo/voluntarismo es falsa. Es decir, que no son conceptos que se puedan contraponer, que no son antagónicos ni “científica” ni conceptualmente. Quiero decir que la existencia de causas no contradice el hecho de que la suma de las causas implique falta de responsabilidad o de libertad (de opciones) por parte del organismo “determinado”. Existe una reducción a la física de todo lo existente (volvemos con el monismo ontológico o epistemológico), por ejemplo, hay gente que define el problema en cuanto a una contraposición entre procesos deterministas y cuánticos. Pero eso tampoco resuelve el problema. Estoy hablando también de la dicotomía holismo/atomismo. ¿El todo es igual a la suma de sus partes “determinadas”? Y también estoy hablando también de los distintos niveles de análisis, de lo molar y lo molecular.

Por ejemplo, un “acto cualquiera” como puede ser mover la cabeza “voluntariamente” lo podemos analizar desde distintos punto de vista que implicarán nuestro posicionamiento a favor del voluntarismo o del determinismo. Se puede analizar desde la “computación” (lenguaje de) del sistema que da lugar a la orden, es decir, de los algoritmos utilizados o instrucciones que reciben los distintas partes del cuerpo para ejecutar la acción; o desde el punto de vista de la neuroanatomía y la neurofisiología; desde el punto de vista de la psicobiología y la bioquímica; desde el punto de vista del aprendizaje, de los procesos de sensibilización y habituación, de los procesos de condicionamiento; desde el punto de vista de los procesos cognitivos; de su significado evolutivo o desde la perspectiva de las ciencias humanas o de la filosofía (la libertad, la moral, la intencionalidad).

El problema es más bien práctico. ¿Cómo se aplica el determinismo y a qué campos del conocimiento o de la realidad? Supongamos que todos mis pensamientos, mis imágenes, mis asociaciones, mis sentimientos, mis emociones, etc., y también todos mis mecanismos neuronales estuvieran determinados de forma absoluta, ¿cómo funcionaría la toma de decisiones en un sistema tan complejo? Una “voluntad determinada” nos remite a la metafísica o a una inconsistencia lógica.

Y, sin embargo, cuando hablamos de acto voluntario no nos estamos refiriendo a cualquier nivel de análisis, sino a uno específico. O sea, no estamos hablando de determinismo en general sino de determinismo aplicado a la conducta (y al pensamiento) humana o animal.

En definitiva, la idea que subyace en todo lo dicho es que la voluntad hoy en día no es un campo de estudio de la filosofía sino de la psicología, concretamente de la p. cognitiva. Sobre todo cuando abordamos su estudio desde una perspectiva tan alejada de la teoría mecano de la mente (y sus derivaciones asociacionistas) que la niega como de la teoría sustancialista de la psique (derivada del modelo dualista psico-físico) que la afirma metafísicamente. Aunque es cierto que al apartarnos tanto del materialismo determinista y mecanicista como del espiritualismo escolástico estamos redefiniendo el concepto. Lo cual implica lógicamente una pérdida de lastre, es decir, que no se define por su relación con la libertad o con la moral sino por los procesos que están implicados (cognitivos y evolutivos) en cualquier tipo de actividad humana o animal.

Por último, una nota sobre “la Justicia”.

A pesar de que el tema es suficientemente complejo, la influencia mayor en las distintas instituciones humanas (como el sistema judicial y “la justicia”) procede de los planteamientos más tradicionales. Es decir, el voluntarismo espiritual, de raíces cristianas, y el determinismo materialista biológico de origen mecanicista. Todo el gran bagaje de conceptos ulteriores a estas dos tradiciones ha quedado fuera. No sólo por las implicaciones que pudieran tener en la elaboración de las leyes (código penal, responsabilidad y voluntariedad, eximentes, atenuantes, trastorno mental transitorio) sino también por la propia complejidad de hacerlas operativas en el ámbito institucional, sobre todo en un ámbito tan rancio como el judicial. Es mucho más fácil para determinadas instituciones seguir con lo tradicional que cambiar, sobre todo porque una transformación en dicho sentido provocaría una profunda crisis del sistema de valores.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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