Juan    juan4@telefonica.net Fecha  4/07/2005 
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Volver al foro Responder Re: Pues yo no os entiendo a ninguno de los dos.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Siempre he tenido claro —y lo he dicho aquí de varias maneras— que si el anarquismo realizara ciertas concesiones dejaría de ser anarquista. Una de ellas sería abandonar el socialismo o hacerse social-demócrata. La relación entre Capitalismo y Estado es tan estrecha que, como parece, además, que es más fuerte el primero, ha dado lugar a un anarco-capitalismo, a mi juicio, erróneo, porque no se da cuenta de que es el Capitalismo quien sostiene al Estado porque le interesa; o sea que nunca intentará destruirle. Quizá lo más opuesto al anarquismo sea el Capitalismo, no el Estado; coinciden, sin embargo, en su interés por la libertad, pero la del Capitalismo es individualista y la del anarquismo socialista. Ameba, en una intervención ex profeso para tí, nos recuerda que el Estado se separa de la Sociedad. Pues bien, esa separación la propicia el Capitalismo; incluso el llamado Capitalismo de Estado (que es un comunismo no libertario). El Estado Moderno, el que va separándose gradualmente de la Sociedad, es el que empieza a ser influido por el mercantilismo, la fisiocracia y el liberalismo; hasta fechas cercanas ha intentado evitar ser dominado, pero ya apenas le ofrece resistencia. Repito que el Estado, en sí, ha de ser un reflejo de la sociedad y, por tanto, habría un Estado anarquista si lográramos llegar a la Revolución Social; lo que no veo es un Capitalismo anarquista, me resulta tan contradictorio como un partido anarquista. Lo que se llama anarco-capitalismo, también lo he dicho, es una especie de superliberalismo, acaso bien intencionado, pero incompatible con el genuino anarquismo, que es un socialismo no autoritario y poco más.

No obstante, una discusión seria entre anarquistas socialistas y capitalistas pudiera ser muy esclarecedora sobre qué coño es el anarquismo, pues si bien es cierto que Proudhon quizá no estuvo muy acertado al provocar —creando una acepción positiva de un término hasta entonces negativo— propugnando “su anarquía”, no es menos cierto que, después de casi dos siglos de uso positivo, pero confuso, emplearlo ahora algunos capitalistas anti-estatalistas añade más confusión aún. Además, incide en lo que a mi entender es un error que cometen muchos anarquistas socialistas o genuinos y, desde luego, todos los anarco-capitalistas: creer que procede del liberalismo.

El anarquismo serio (sensato, con sentido común) siempre luchará en dos frentes:
- contra la sumisión ciega a lo social
- contra la ensoñación irénica de lo individual.

Difícil lucha; por lo que no se puede ceder ni un milímetro.

Salud

P.S.: En principio, esta respuesta era sólo para Javier y lo del Capitalismo, pero me he deslizado (inevitablemente) hacia las que pensaba dar por separado a wg y Dadaísta. A éste le remito al comentario que haré de lo que Ameba nos recordaba sobre Clastres y las sociedades primitivas, pero es evidente que nuestra sociedad no es como esas, sin embargo, la actitud anarquista sí es (básicamente) como la de los individuos de esas; con lo cual se plantea lo de que el acierto anarquista sea su problema: los “primitivos” no chocan con su sociedad, nosotros sí. Por supuesto, no podemos pretender una sociedad como la de los ¡kung. De ahí la necesidad de sensatez y sentido común.

Sobre lo que no le queda claro a wg, he de repetir que no tengo claro (valga la redundancia) cómo solucionar establemente una armonía entre la competencia y la cooperación; que no me considero comunista porque hace falta otra armonización entre la confianza y los límites (suele perder uno en beneficio del otro); que no sé Economía como para enzarzarme en cuestiones tan complejas como la valoración del «trabajo», pero veo perfectamente la interrelación necesaria entre “trabajos” diferentes que requieren conocimientos muy diferentes (un ejemplo clarísimo: el cirujano no podría intervenir a un paciente sin empleados de limpieza, entre otros muchos trabajadores intermedios, ajenos incluso al gremio sanitario). En resumidas cuentas, que si no puedo “ceder un milímetro” en la actitud “primitiva”, tampoco puedo cerrar los ojos ante la realidad capitalista. Por lo que si realizo un ejercicio de sentido común, exijo lo mismo de mis oponentes; las armonizaciones que menciono son difíciles, pero tengo razón. Como en la copla decía la “española” de un “beso de amor”, yo, la razón, no se la doy a cualquiera.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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