Juan    juan4@telefonica.net Fecha  14/07/2005 
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Javier, ya dije que entre guatemala y guatepeor... quizá debí decir entre guatepeor y guatepeor. Precisamente porque trato de buscar la verdad procuro reconocerla venga de donde venga. Esto implica tener que aceptar aciertos ajenos y errores propios. Y estar dispuesto a variar de opinión, según se vaya ampliando el conocimiento. Pero, no implica “relativismo” si se juzga siempre bajo el mismo criterio, que también puede variar algo, pero no en lo sustancial. El hecho de reconocer aciertos en Donoso Cortés y fallos en Proudhon, no me impide seguir siendo anarquista; al contrario, lo consolida. En mis años de anarquista ha habido altibajos, pero sigo siéndolo. Si no me manifesté contra la guerra ni a favor, fue porque ninguna opinión razonó lo suficiente para poder ascender al nivel de la inteligencia; apelar al dolor me parece mezclar churras con merinas; la guerra no es continuación de la política, sino a la inversa; la politica es guerra por las buenas (o no tan malas como cuando se recurre a la fuerza física). Sencillamente, no conseguí formar un conocimiento razonado y, según mi criterio, la moral brillaba por su ausencia en ambos lados. ¿Ponerme en la piel de un irakí? Eso ya no es mezclar churras con merinas, eso es metafísica pura y blanda, encima, pegajosa; fundamentalismo soñador, que también hay. Así, sí que no vamos a ninguna parte. ¿Por qué no ponernos en la piel de Aznar, Bush o Blair? ¿No tienen piel? ¿No son humanos? ¿Que hay que estar siempre con lo “oprimidos”? ¿Qué entendemos por “oprimido”, bajo que parámetro calibrar la “opresión”? Acaso lo tres mencionados estén más “oprimidos” que cualquier irakí. Si es cuestión de humanismo cristiano, os recuerdo la parábola del pastor y la oveja perdida.

Pues bien, esa metafísica soñadora (por referirnos sólo a este aspecto del asunto) es empleada por gran parte de esa izquierda en la que tan a disgusto me encuentro. No por ello me voy a ir a la derecha (tampoco libre de metafísica); sólo digo que frente a ésta no he de preocuparme por los flancos y la retaguardia. Ergo, ¿por qué no enfrentarme también a la izquierda? Habría los mismos frentes, pero más claros, mejor ubicados.

Pretendo deciros que acercarnos más a la política común, real, nos obliga a radicalizarnos; a endurecernos, no a ablandarnos; a darnos consistencia, no a quitárnosla. No me malinterpretéis. No sé si me explico. Veamos, como ejemplo, los argumentos que empleas. Ya los conocía y no me bastan porque no se puede cambiar de perspectiva, según nos convenga; no se puede saltar, buscando justificaciones, de la perspectiva al criterio, a la razón o a la moral, sin ton ni son. Esos argumentos y los de Chomsky (un genio de la lingüística, pero no de la política), perdona que te lo diga, siento tener que decirlo, pero, tal cual, forman un batiburrillo ideológico que no puedo tragar. ¿Qué quieres que haga? ¿Preferírías que te mintiera para no enturbiar nuestra relación internaútica?

Admito que pueda estar equivocado, pero cada vez estoy más convencido (no del todo) de que a lo que más miedo tiene el Hombre es a la verdad, precisamente. Por eso revuelve cielo y tierra, asfalto y suelo, apariencia y realidad, criterio y distancia, razón y moral... Por eso nunca es libre. Ni feliz. Es un gilipollas: una mezcla de cobarde y tonto. O eso parece, eso resulta leyendo la historia de la humanidad. Parece creer que la verdad es la Suma Perfección. ¿De dónde ha podido sacar semejante majadería? Nosotros no creemos eso, ¿no? Ni tú ni yo queremos ser gilipollas, ¿por qué parecerlo? Equivoquémonos, pero no por cobardía o por tontería. Corrijámonos sin miedo. Afirmémos nuestra duda. Este es el meollo de la filosofía; no se trata de quedar encerrados en la duda propia, sino afirmarla enfrentándonos a la ajena. Si tal labor es en parte individual, solitaria, a nivel de la polis ha de ser grupal, colectiva. ¿Cómo se va a enfretar un individuo al Estado? Sería una lucha muy desigual, ridícula. ¿Cómo voy yo —o cualquier otro individuo solo— a transformar el anarquismo —o, siquiera, la CNT— si no soy más que una parte minúscula de él? La filosofía (tarea recóndita, solitaria) sin sentido común, no pasa de ser una gilipollez, o peor aún, una pedantería insufrible.

Así, afirmando dudas y enlazando con lo que he enviado esta mañana, afirmo que a los 16 años, sin apenas formación, es perdonable ser anarco-individualista (quizá hasta natural), pero al ir aumentando la formación y la experiencia vital, se puede seguir siendo anarquista, pero no seguir creyendo que el individuo es el elemento más simple con influencia política o que alguna vez podrá serlo (¡líbrenos de ello, incluso el mismísimo Dios!). Lo que piense un individuo podrá influir en un grupo, pero ha de ser éste el que influya en la sociedad; directamente es imposible (e indeseable). Es decir, no sólo debemos ir distinguiendo (y descartando consecuentemente) anarco-Z’s como el capitalista y el individualista (liberalismo, a fin de cuentas), sino aceptando el socialista. Nos guste o no; no es cuestión de gustos. ¡Estaría bueno! Y por supuesto, reconocerse socialista, sin más, no instala en la izquierda; el fascismo suele serlo.

Salud.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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