Ameba     Fecha  5/07/2005 
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Volver al foro Responder Re: EL PODER EN EL ANARQUISMO.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Dices: “Dicho lo anterior, para mi una relación de poder es una relación jerárquica, y por consiguiente las rechazo, como anarquista.”

Para mí el poder es algo consustancial al ser humano, independientemente de la sociedad en donde esté ubicado. Identificas poder con jerarquía y dominación. Yo no lo tengo tan claro. Prefiero pensar en las relaciones de poder desde un punto de vista más primario. Quiero decir que no todas las relaciones de poder se desarrollan a partir de una relación jerárquica, aunque existen especies de poder que claramente se desarrollan a partir y construyen una relación jerárquica. La jerarquía implica superioridad. En mi opinión todas las relaciones de poder nacen de las diferencias humanas, ya sean como consecuencia del carácter humano (su constitución orgánica o psicológica) o de la organización de la sociedad (la manipulación del ambiente social). La relación entre un padre y un hijo, o entre un profesor y un alumno implican relaciones de poder. Es decir, la recompensa y el castigo (aunque sea como retirada de recompensas), la identificación y el poder de la experiencia y el conocimiento seguirán existiendo en esa relación humana.

Pero la cuestión es si esta relación desigual procede de una conducta altruista y de cooperación, o de una conducta egoísta y de competencia. Es una cuestión de grados. En una sociedad anarquista se fomentará lo primero, mientras en la sociedad actual se fomenta lo segundo. Pero la cuestión es que esta relación de poder no puede desaparecer, lo que debe desaparecer el la consideración de que el educador es superior por el hecho de serlo, es decir, lo que debe desaparecer en mi opinión es una relación de poder propulsada por el egoísmo y la competencia. Y desde el punto de vista político lo que debe desaparecer es que la familia y la escuela proporcionen obreros y consumistas sumisos con el sistema capitalista y con el modelo político o con cualquier otro sistema o modelo.

Veamos un ejemplo actual. El concepto de minusválido implica una relación jerárquica, es decir, se les considera “menos válidos” y, por tanto, inferiores a los “normales”. En los últimos años se ha sustituido este término por el de discapacitado, que significa una capacidad diferente y, por tanto, no existe una relación jerárquica o de inferioridad. Es decir, la solución a esta cuestión es considerar a los individuos como portadores de capacidades diferentes y no de capacidades superiores o inferiores. Esto puede solucionar teóricamente el problema de la jerarquización del poder, pero no lo hace desaparecer, lógicamente. Aunque igual me estoy metiendo en un callejón sin salida. Volvemos al problema del lenguaje.


Dices: “Por otra parte no me gustan las regulaciones, regular es imponer, contra menos regulemos mucho mejor.”

El anarquismo, como el marxismo, surgió en primer lugar como una crítica al conservadurismo y al liberalismo, desde ese punto de vista, la ideología que nace para contrarrestar otra provoca llevar la crítica a sus últimas consecuencias. Es decir, el imperio de la ley es un axioma de las sociedades liberales, algo defendido por tipos como Bobbio. Parafraseando una máxima del cristianismo, “la ley se hizo para el hombre, no el hombre para la ley”. Quiero decir que la regulación es necesaria, a no ser que vivamos en un mundo ideal en donde todos, absolutamente todos, vivamos felices y en absoluta armonía. Cosa bastante difícil de conseguir, creo. La cuestión es cómo establecer regulaciones, normas y leyes sin que estas impliquen dominación. Si has tenido la desgracia de ser juzgado por este sistema te habrás dado cuenta que justamente el problema muchas veces es la falta de regulación más que la existencia de leyes injustas, que, por cierto, hay a patadas. Quiero decir que la falta de regulación da más poder al juez, no menos, por lo que depende de su sensibilidad, formación e ideología, la decisión que pueda tomar. Incluso el propio ritual de un juicio es un acto de sumisión. Pero debes elegir entre la sumisión y dormir en comisaría. A los jueces habría que colgarlos, seguramente, pero habría que sustituirlos por grupos de personas formadas en derecho y moral, elegidas democráticamente, revocables y con funciones temporales, por supuesto. Por mi propia experiencia judicial te diré que entre más regulación y menos me quedo con lo primero.

Dices: “¿qué hacer con aquellos disidentes… Evidentemente que se vayan a otro sitio. Ahora no seamos ingenuos este tipo de sociedad que pretendemos necesariamente se dará a través de un periodo revolucionario y violento en el cual se eliminarán aquellos individuos que atente violentamente (los del estado opresivo), es lamentable pero inevitable, y posiblemente no sea legítimo ni justo. Los demás casos, supongo que o participaran o se irán.”

”No existe la coerción, si así lo entendiste no me exprese con precisión…”

”Me niego a que exista una estructura coercitiva ¿por qué tiene que existir? Mi adscripción a la comuna es mi libre decisión, ya que iré a la Comuna que satisfaga mis exigencias o mi proyecto social, si en común queremos hacer algo ¿dónde está la coerción?”

Yo sinceramente no lo veo. Ya que al final todo se resuelve por una cuestión de FE. Y quiero pensar que el anarquismo no es una religión, o por lo menos, algunos anarquismos. Quiero decir que una vez que se haya terminado el “período revolucionario” qué pasará con los disidentes. Si esa violencia de la que hablas ha exterminado sistemáticamente a los posibles disidentes entramos en un bucle de represión. Ya que a nadie se le ocurrirá ser disidente, con lo cual la sociedad anarquista será sólo de nombre. Si la violencia se ha planteado en términos más suaves, es decir, como una defensa del pueblo que mayoritariamente se enfrenta al poder político y económico, y que ha eliminado desgraciadamente a algunos de sus enemigos… pero que funda una sociedad libre estaremos en una situación en la que podrán surgir nuevos enemigos, a pesar de todo. Incluso en el mejor de los mundos posibles puede haber gentes que no crean en la cooperación y en el altruismo, aunque no se imponga de forma coercitiva. Con lo cual puede ocurrir que nos encontremos a un individuo que no quiere vivir de esa forma, que la rechace y luche violentamente contra ella. ¿Qué hacemos con esa persona? La solución que planteas tú y el pensamiento anarquista más o menos tradicional es la expulsión. Pero ¿quién lo decide y cómo? Según tu planteamiento será la asamblea de la comuna la que decida y será ejecutada mediante aquellos delegados elegidos democráticamente por la misma. Bien, si ese es el planteamiento, estamos ante una situación coercitiva y también estamos hablando de marginación ya que el destierro para determinadas personas puede ser más cruel que el encierro (aunque sea diferente del actual). Pero la cuestión es que tanto una cosa como otra son castigos. Por otro lado, este planteamiento choca con una de las señas de identidad del anarquismo, por lo menos, del que yo puedo estar más cerca, el internacionalismo. Por eso hablaba de comunitarismo. Ya que no sólo existe un comunitarismo conservador o fascista, también existe algo parecido en determinadas expresiones del anarquismo. No quiero decir que todas las comunas sean iguales en su forma y estructura. Pero si se expulsa a los disidentes violentos, ¿a donde irán? ¿a otra comuna? ¿o a engrosar las filas de los enemigos de la comuna o de la confederación en otro lugar? Por otro lado, y esto es una cuestión psicológica, la mayoría de las veces es mejor ser juzgado por alguien independiente o no vinculado afectivamente a la persona juzgada, que serlo por la propia comunidad. Con lo cual sería necesaria un estructura judicial más amplia y regulada.

Repito lo dicho: “En definitiva y esta es la cuestión fundamental de todo este debate, si analizo lo que dices sobre las medidas contra “los disidentes” sólo me quedan dos posibilidades para una sociedad anarquista:

- Un mundo ideal en el cual todos estaremos de acuerdo con los métodos y la forma de vida anarquista, trabajando cooperativamente en ese objetivo común de perfeccionar la sociedad libertaria en donde vivimos. Como creo que ello no es posible descarto cualquier análisis serio sobre ello.”

Tú me dices que sí crees en ella, que es tu lucha. Pero entonces volvemos al principio. Al final el problema es más filosófico, ontológico y ético, que político. Es una cuestión de fe. Y en este caso de fe en el hombre. Pero quizás se pueda buscar ese ideal sin tener fe. Quiero decir que el tener fe no basta, es necesario que existan herramientas para que esa fe se corresponda con la realidad. Y el hombre está en constante cambio y es mejor ser libre en una sociedad imperfecta que no serlo en una sociedad aparentemente perfecta. Incluso muchas veces hay que elegir entre felicidad y libertad, a veces nos quedamos con lo primero, pero otras veces…

Joder, me pongo retórico, lo siento.
Iba a terminar citando lo del lenguaje otra vez, pero después de leer el texto de Juan no me atrevo. Y apuntaré lo del otro hilo, aunque al final si todo no es un problema de lenguaje, si lo es de tiempo, que es escaso y dura muy poco.

Por cierto, Javier, cuando hablas de los textos de Foucault, eso de que te transportan a otro tiempo, a qué te refieres? No sé, igual es algo personal.

Un saludo


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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