Alberto     Fecha  18/08/2005 
Host: No mostrado/ Not shown    IP: No mostrado/ Not shown    Sistema: Windows XP


Volver al foro Responder Dándole vueltas al concepto de igualdad   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
Algunos liberales suelen suponer que los socialistas entienden por igualdad económica que todas las personas tienen que ganar lo mismo. Podemos ver un ejemplo de ello en este texto:

“Toda la teoría socialista se centra siempre en la eliminación de la desigualdad económica, ya que resulta imposible eliminar las desigualdades naturales como la inteligencia, el talento musical o la belleza física. Sin embargo, al hacerlo asume sin rubor la justicia de tal medida, que sólo podría defenderse si se asume que todos somos iguales, como clones indistinguibles. Además, se asegura que es posible eliminar la desigualdad económica sin analizar siquiera si se puede alcanzar semejante logro”.

Fuente [1].

Sin embargo, ¿esto es realmente así? Yo creo que no. Para verlo, vayamos a los inicios del socialismo, el socialismo utópico. ¿Y cómo veían los socialistas utópicos el asunto de la igualdad?:

“La tradicción igualitarista, (...) de profundo arraigo continental europeo, entre ellos los socialistas utópicos, concebía el bien común con un sesgo universalista. La igualdad deviene, entonces, en valor toral, inescindible: la igualdad (y por analogía los demás principios políticos) rige para todos o para ninguno”.

Fuente [2].

Podemos ver luego que la que probablemente sea la forma más refinada e idealista de socialismo, el comunismo libertario del anarquista ruso Piotr Kropotkin, tiene este ideal máximo:

“De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”.

Analicemos esa máxima. ¿Promueve la idea realmente de que todos tengan que tener lo mismo o recibir lo mismo? No, ni mucho menos. No establece ninguna igualdad de retribución de antemano, no podría hacerlo sin caer en el dogmatismo. Deja a cada persona a título individual establecer qué es lo que necesita y qué es lo que puede ofrecer. Unas personas necesitarán más que otras, de la misma manera que unas personas podrán ofrecer más que otras. No deja lugar esa máxima para entender que todas las personas deberían ganar lo mismo o tener lo mismo, deja que cada persona considere de forma autónoma esas cosas para ella misma y no permite que las demás se las establezcan a ella.

No debemos entender entonces que los auténticos socialistas cuando hablan de igualdad económica se refieren a que todos han de ganar lo mismo, sino que todos han de estar en el mismo plano sin que haya alguien por encima de otro. Esa igualdad absoluta económica no entiendo que pueda percibirse en un sentido de retribución, si no de organización.

Veámoslo. La cita anterior lleva implícito el principio de fraternidad ya que del desarrollo de esa máxima se puede pensar que no se debe menospreciar a alguien porque por ejemplo físicamente no pueda ser tan producitvo como otra persona, pues en muchas ocasiones no será culpa suya, si no algo sobre lo que no tenga realmente la culpa. Generalmente no menospreciamos a nuestros hermanos porque en una cosa concreta sean peores por naturaleza que nosotros. Éticamente deberíamos hacer lo mismo con todo el mundo, aunque solo fuera para que en otras cosas concretas no nos menospreciaran a nosotros mismos. Por ejemplo, si yo soy bajito y delgadito nadie puede esperar que sea capaz de levantar el mismo peso que una persona que sea muy alta y corpulenta. Que yo sea inferior con respecto a otros en esa cosa concreta no me hace realmente peor en todo, y es que además es posible que a cambio tenga otras cosas, ya que es probable que yo sea más ágil. Así que quizás puede que una persona más ágil, aunque menos fuerte, acabe siendo más productiva que una persona más fuerte pero menos ágil, o puede que no, pero no se puede saber a ciencia cierta. Dependerá del caso. Si en una obra llevo menos ladrillos de un sitio a otro en cada viaje pero voy muy, muy rápido, quizás adelante más que otra persona que lleve más ladrillos en cada viaje pero vaya más lento. No se puede saber. Parece difícil entender que una persona pueda considerar que merece estar por encima de otra por una manifiesta superioridad concreta cuando en otra cosa concreta puede que sea manifiestamente inferiror, dando como resultado un equilibrio entre superioridades e inferioridades. Nunca se podrá saber si finalmente habrá equilibrio total o no, porque además intervendría siempre el subjetivismo de cada persona también aquí. Alguien puede decir que al llevar más rápido los ladrillos se puede tropezar más fácil con otra persona, y por contra otro puede argumentar que el hecho de llevar más ladrillos hace más peligroso un choque, pues serían más los ladrillos que se caerían, con un mayor peso. En ambos casos la producción se vería interrumpida por estos accidentes. No sé puede establecer a priori qué haría que la producción se retrasase más. Dependerá siempre de cada situtación, pero no se podrá establecer por adelantado nada. Por lo tanto, tomando todas estas consideraciones, yo creo que una supuesta superioridad manifiesta en algo concreto no da legitimidad para establecer una relación de dominación sobre otras personas supuestamente inferiores en esa cosa concreta, nunca. Si se hace se iría contra el principio de fraternidad.

Desde un punto de vista de la fraternidad, yo entiendo que la igualdad socialista consiste en que las relaciones humanas deben darse entre personas en un mismo plano. Con esto me refiero a la horizontalidad, la no jerarquía y la no dominación. Todos somos iguales, por lo tanto ninguna persona puede ser el capataz, jefe o patrón de otra ya que considero que no es lógico que esa persona esté por encima de otra. La razón la expuse en el párrafo anterior, al no entender como lógico que alguien se autoconsidere superior porque en una cosa concreta sea mejor que otros y que por lo tanto se considere legitimado para mandar sobre esos otros. Siguiendo con el ejemplo de la obra si alguien cree que por ser más fuerte que yo puede llevar más ladrillos y por lo tanto ser mi jefe, yo puedo decirle que yo soy capaz de llevarlos más rápido y que por lo tanto como mínimo no merezco tenerlo a él como jefe. La mejor salida es que de los dos seamos jefes de nosotros mismos, pero ninguno jefe del otro. Eso es altamente compatible a la vez con la libertad, la igualdad y la fraternidad, así que creo que es posible que muchas personas tomaran esto como algo bastante justo. Realmente parece que la ley del más fuerte no es muy fraternal y por lo tanto humana y racional, si no que más bien parece algo salvaje, animal y no racional.

En definitiva, creo que deberíamos entender el concepto socialista de la igualdad económica, no como que todos debieran recibir o tener lo mismo, si no que las relaciones económicas deberían darse entre personas en el mismo plano. Esto se consigue considerando no ético el trabajo asalariado y pensando que la forma de relación económica más racional y ética es el cooperativismo o la libre asociación voluntaria de unas personas con otras.

[1] http://www.liberalismo.org/articulo/38/66/
[2] http://216.239.59.104/search?q=cache:Ri8Mo2KpGTQJ:www.filosofiayderecho.com/rtfd/numero7/2-7.pdf&hl=es

Original:

http://algarcia.blogspot.com/2005/08/dndole-vueltas-al-concepto-de-igualdad.html                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

Respuestas (16)
 


Responder Volver Ayuda
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje