Tsekub     Fecha  9/06/2005 
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Volver al foro Responder Comentarios a "La riqueza de las naciones" de Adam Smith (2)   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Entonces, ¿en qué consiste realmente la teoría laboral del valor de Adam Smith? (Repito, a riesgo de ser pesado: Hablo de la teoría de Adam Smith, por ahora no respondo por la de David Ricardo, Carlos Marx, Pierre-Joseph Proudhon o cualquier otro). ¿Qué significa aquello de que “el trabajo es la verdadera medida del precio”? Antes de entrar en materia, repito una vez más: NO significa que el precio de una mercancía esté destinado por la cantidad de trabajo necesario para producirla. TAMPOCO significa que el único trabajo digno de tal nombre sea el manual. Es verdad que, en un principio (al inicio del capítulo V, concretamente), parece ser así pero si nos despojamos de estos prejuicios nos vamos a entender mejor.

Una de las razones por las que el análisis de Smith resulta, en este punto, bastante oscuro, es la propia ambigüedad del término valor, que él utiliza indistintamente como sinónimo de valor a secas, de precio, de costo e incluso, en algún momento, simplemente como de “riqueza”. Por lo tanto, a fin de exponer sus ideas con mayor claridad que él –humildemente, voy a comenzar por aclarar los conceptos.

Parte Smith de definiciones que, si bien no son totalmente falsas, si son incompletas: “Debe notarse que la palabra valor tiene dos distintas inteligencias; porque a veces significa la utilidad de algún objeto particular, y otras aquella aptitud o poder que tiene para cambiarse por otros bienes a voluntad del que posee la cosa. El primero podemos llamarlo valor de utilidad, y el segundo valor de cambio”. Un tanto toscas y apresuradas, si bien parecen estar en el camino correcto. Intentemos redondearlas.

La relación entre la utilidad y el valor no es de identidad sino de causa y efecto. Puede existir una cosa que me sea útil y, al no saberlo yo, no valorarla. La utilidad es la capacidad que tiene un bien de satisfacer una necesidad x de un sujeto x. El valor, en palabras de Carl Menger, “… es la significación que unos concretos bienes o cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades”. Más adelante puntualiza diciendo que el valor “… no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia.”

Muy bien. Es importante señalar, sin embargo, que, si la definición de Smith es errónea, lo es por incompleta, por insuficiente, por superficial, por que se queda a medio camino y no profundiza, al considerar, probablemente, que no es un tema tan importante. No es errónea por disparatada ni absurda, está en el camino correcto. En resumen, no es errónea como la teoría de Ptolomeo (universo geocéntrico) sino como la de Copérnico (universo heliocéntrico, estaba en el camino correcto pero creía que todo el universo se reducía a nuestro sistema solar).

Tenemos entonces el valor, que, en resumidas cuentas es la significación que, para diversas personas, toma un bien, al conocer la capacidad que tiene de satisfacer sus necesidades. Para no complicarnos, éste es el único sentido en el que voy a utilizar la palabra valor.

Tenemos, en segundo lugar la cantidad de dinero o de otros bienes que se entrega a cambio de un bien. En este caso, sí voy a descartar la definición de Smith que se centra en la capacidad de ser una mercancía –que, en rigor, tiene cualquier bien- y no en el hecho mismo de la compra-venta (sin embargo, su imprecisa definición no afecta su razonamiento posterior). A esta cantidad no la voy a llamar valor de cambio ni valor de nada sino, simplemente, precio.

Una mercancía es, simplemente, un bien -una cosa que de alguna manera es útil y que alguien valora- destinado al intercambio. En el momento en que alguien la compra deja de ser mercancía hasta que vuelva a la venta. Otro concepto a tener en cuenta es el de costo –al que volveremos más adelante. Pero, por ahora, dejaremos el valor y el costo de lado y nos concentraremos en el precio.

En el fenómeno del precio distingue Smith dos aspectos: Uno, el precio nominal; otro, el precio real. El primero viene a ser algo así como la “apariencia”, la “fachada” del precio. El segundo, la esencia, la realidad, el cogollo del fenómeno.

El precio nominal es la cifra monetaria o –en el caso de un trueque- la cantidad de otros bienes que se entrega a cambio de la mercancía en cuestión. El precio real es la capacidad de compra, la capacidad de adquirir más bienes que esa cantidad otorga. En resumen, el poder adquisitivo de esa cantidad.
Esto es especialmente claro en el caso del salario que, como todos sabemos, es el precio del trabajo. Los economistas siguen utilizando los conceptos de salario real y salario nominal. A iguales precios y salarios nominales pueden corresponder, en diversas épocas y lugares, diferentes precios y salarios reales y viceversa. De hecho, todas las combinaciones son posibles. En este punto, Smith pega un salto y, sin dejar de ser economista, adopta una perspectiva de antropólogo económico (por el método comparativo con respecto a diversas sociedades) y de historiador económico (al compara también diversas épocas). Volveré a ello más adelante. Primero quiero aclarar mejor lo de precios y salarios nominales y reales.

En la película Haz lo correcto (Do the right thing), del director Spike Lee, hay un personaje llamado Mookie. Mookie es un repartidor de pizzas a domicilio y vive en un departamento modesto, en un barrio también modesto de Nueva York, con su hermana, que le reprocha que no busque un trabajo mejor pagado y con mejor futuro. Tiene también un hijo, para cuyo sustento pasa una magra pensión. No es, precisamente, un Rockefeller. Sin embargo, en algún momento se menciona su salario: 250 $ semanales. Esto arroja un total de 1000 $ mensuales.

Lo sorprendente es que, en Paraguay, éste –o, se sobreentiende, su equivalente en moneda local- sería un salario de clase media-media, el salario de un ejecutivo de nivel medio, de un docente universitario en una universidad privada o de un docente con nivel de tutor en un colegio para niños ricos. Y permitiría a su beneficiario un nivel de vida bastante más confortable que el de Mookie. Si Mookie poseyera un adminículo mágico que le permitiera teletransportarse al Paraguay para realizar la mayor parte de sus gastos y volver a los Estados Unidos a trabajar, tendría la vida solucionada. En este caso Mookie y el hipotético ejecutivo o docente de una institución educativa adinerada tienen el mismo salario nominal, pero distinto salario real.

Una conclusión apresurada sería la de que, entonces, el costo de vida en los Estados Unidos es más alto que en el Paraguay. Lo es, sin duda, en términos nominales pero ¿acaso lo es en términos reales? El departamento de Mookie es humilde pero es de materiales nobles y posee los servicios básicos de luz, agua y desagüe. No alcanzamos a constatar si su hermana también trabaja (aunque se sugiere que no, que Mookie la mantiene y paga sus estudios) pero, aun en el caso de que lo hiciera, no tiene pinta de trabajar como presidenta de una gran corporación. Es dudoso que, en el Paraguay, un repartidor de pizza pueda alcanzar ese frugal y austero nivel de vida sólo con su salario de repartidor de pizza. Para lograrlo, debería ganar en un mes aproximadamente lo que gana Mookie en una semana. No conozco la remuneración de un repartidor de pizza en Paraguay pero sé que ése es, más o menos el sueldo de un músico de la orquesta sinfónica y, aunque sé que nadie se mete en la música clásica para hacerse millonario, sé también que, en general, un músico de orquesta sinfónica está mejor pagado que un repartidor de pizza.

Para terminar con el ejemplo, resumamos: Mookie, en comparación con el hipotético ejecutivo de clase media del Paraguay, gana lo mismo en términos nominales pero menos en términos reales; en comparación con su colega repartidor de pizza del Paraguay, gana más en términos nominales y también más en términos reales y, por último, en comparación con un músico de la orquesta sinfónica en Paraguay, gana más en términos nominales pero lo mismo en términos reales.

Existen, desde luego, otras dos posibles combinaciones: La de dos personas que ganen lo mismo en términos nominales y reales (pudiera ser el caso de un vecino contemporáneo de Mookie que también ganara 250$ a la semana) y, la más sorprendente, la de una persona que gane más que otra en términos nominales pero menos en términos reales. Una antigua canción española dice:

Antes, por una peseta,
comías, bebías, podías fumar;
ahora, por cinco pesetas,
ni comes ni bebes ni puedes fumar…

Una persona que, en el pasado de la canción, ganara una peseta por día, comparada con otra que, en el presente de la misma, ganara cinco, ganaría un menor salario nominal pero un mayor salario real. Termino esta parte de la exposición repitiendo que, al comparar precios y salarios nominales y reales, todas las combinaciones son posibles.

(continuará)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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