aida2003     Fecha  20/04/2004 14:54 
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Admin: Borrar mensaje ¿Virtuoso e ilógico o bien lógico y criminal?
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El paso de la condena a la legitimación del crimen sucede de forma paralela a la transición entre una rebeldía romántica (cuyo principal artífice es el dandi) a una rebeldía compasiva (cuyo principal representante será el nihilista).

El romántico aboga por la realización del mal por nostalgia de un bien imposible, y la justificación del crimen no se encuentra en él mismo sino en el valor de frenesí que contiene; por el contrario, el nihilista incipiente dispone de todo un ensamblaje lógico que respalda esa actitud.

A diferencia del hombre romántico, que exalta al individuo, el nihilista incipiente, en plena solidaridad con sus semejantes y en defensa ya no del individuo sino de la especie humana, se erigirá como el hombre en soledad.

La principal motivación de la rebeldía romántica era una igualación con Dios (representación de una virtud considerada injusta) para así responder con la soberbia a la crueldad, pero el poder y la disposición de la divinidad no eran cuestionadas. Ahora, sin embargo, se juzga a Dios de frente y desde arriba, del cuestionamiento de estos aspectos surge la necesidad de suplantar a ese Dios y de modificar ese ‘así abajo como arriba’ por un ‘hacer del arriba un abajo’.

El nihilista incipiente sustituye a Dios por un valor moral superior a el: la justicia. Si el sufrimiento (tanto propio como ajeno)es necesario para la creación divina, esta creación es inaceptable. Se inicia una confrontación entre justicia y verdad como respuesta al ideal cristiano que establece una plena dependencia entre ambos conceptos.

No se acepta que la verdad se pague con el mal y con el sufrimiento, y por eso se rechaza, pero a su vez se está despreciando la salvación eterna, la inmortalidad, y por tanto, la virtud. Si no existe la virtud, tampoco existe la ley y, por tanto todo está permitido. La actitud de verdadera compasión procede sin duda de este personaje; porque ante la negativa de salvarse solo, se solidariza con los condenados, y por ellos, desprecia al cielo. Es la premisa de ‘o todos o nadie’.

Sin embargo, el nihilista incipiente, a pesar de ser un hombre en rebeldía no es un hombre de acción. Es un hombre neurótico porque a pesar de encontrar una lógica que legitime el crimen se ve forzado a condenar la pena de muerte, navega entre la idea de su plena inocencia y la voluntad del crimen. Y está abatido por el constante dilema que se le presenta: ¿ser virtuoso e ilógico o lógico y criminal?

La causa de esta inacción provocada por la duda es el hecho de que no niega la existencia de Dios y aún no la ha suplantado por una figura humana. Simplemente se limita ignorarla; aunque hubiese un Dios, aunque hubiese una verdad, ésta sería injusta. El paso que conducirá a la destrucción de esta neurosis será convertir esa rebeldía en una revolución. Tras cuestionarse la figura de Dios se suplantará ésta por la del hombre.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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