irichc     Fecha  11/06/2004 19:39 
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Admin: Borrar mensaje Subir al cielo
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En la cosmovisión gnóstico-ptolomeica "el cielo" se oponía a "la tierra" como lo uno a lo múltiple o lo blanco a lo negro. "Subir al cielo", pues, significaba progresar infinitamente hacia lo perfecto, que es Dios, para el que todo lo que existe actualmente es cambio perpetuo. (Si no fuéramos perpetuos bajo cierto punto de vista, Dios nos vería al mismo tiempo como existentes e inexistentes, lo que es absurdo). Dicha progresión infinita llevaba aparejada la idea de inmortalidad, es decir, de creación "ex vetero" de lo finito (= resurrección de la carne). La ascensión de Cristo, que fue real, debe no obstante ser interpretada de manera simbólica.

Añado: La resurrección de la carne logra deducirse en el siguiente orden:

(1) Ninguna sustancia puede ser creada sin materia, dado que si así fuera no ocuparía espacio. No ocupando espacio, estaría fuera del tiempo. Luego sería Dios. Pero Dios no puede crearse a sí mismo. Ergo, toda sustancia creada es creada junto con la materia.

(2) Las sustancias (mónadas) son naturalmente indestructibles una vez creadas, ya que no constan de partes.

(3) Se concluye que todo lo creado y perteneciente a la sustancia es indestructible, puesto que de lo contrario ésta subsistiría autónomamente. La carne de nuestro cuerpo (cuyo corpúsculo permanece siempre adherido al alma), es extensión necesaria de la mónada, la potencia de la cual debe ser constantemente actualizada. En este caso, ni puede desaparecer, ni disociarse definitivamente de su núcleo, ni sumirse en el estado de corpúsculo de forma indefinida, si tiene que cumplir los fines morales que le son propios. Sería ridículo, por lo demás, que un ser para cuyo engendramiento se han empleado millones de años se aniquilara en poco más o poco menos de un centenar de ellos sin dar lugar a nada mejor.

Volviendo al tema que da título a este escrito, parece una broma de mal gusto el que las generaciones posteriores del cristianismo hayan creído literalmente lo que los primeros discípulos acuñaron como metáfora terrena de una realidad superior. Como si el cielo físico fuera algo menos creado que la tierra...

De este modo, la fe popular se vuelve ininteligible para sí misma, condenándose a perecer a medio o largo plazo. Así se extinguió la devoción hacia los mitos poéticos paganos, permanentemente divorciados de las teorizaciones de los sabios.

Saludos.

Daniel.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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