Müller    goodoldhouse@yahoo.es Fecha  14/07/2004 00:24 
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La Psicología es uno de los campos más involucrados en la aplicación de técnicas empíricas para su desarrollo y evolución. Su nacimiento estuvo dirigido esencialmente por la recopilación de experiencias por parte de sus doctores para, posteriormente, contrastarlas, y así poder establecer leyes causales dentro del método científico. Pero si hay una ciencia que se ajuste poco a este método es precisamente la Psicología. El hombre como observador y como elemento observado es una pobre base de trabajo, sobre todo desde que se tiene la mecánica cuántica encima de la mesa. En los trabajos psicológicos se han dado, y se seguirán dando, interferencias con las experiencias personales de sus maestros. Al intentar llegar al fondo de la psique, el científico psicólogo se usa a sí mismo como el material de estudio más cercano, poniéndose como inevitable e inconsciente ejemplo en su obra. Este hecho puede poner en peligro el trabajo científico si se contamina de subjetividad. El primer psicólogo, Freud, es el más afectado por este síndrome; su obra es múltiplemente cuestionada debido a la abundancia de referentes personales, así como por establecer relaciones causa-efecto que, pudiendo ser válidas dentro de su particular entendimiento, no resultan claras ni están plasmadas adecuadamente en un contexto más objetivo.

Todas las ciencias precisan de la que es primera y pura ciencia, la Matemática, como soporte de sus actividades. Sólo así dispondrán de un marco de trabajo que asegure la objetividad y una mínima frialdad estableciendo conclusiones. La ciencia pura destierra las pasiones innecesarias y ayuda a desenmascarar imposturas. Por otro lado, canaliza las ansias por saber y por construír en la dirección adecuada para que pueda surgir conocimiento que resulte útil a toda la sociedad. La Psicología, al buscar un cimiento sobre el que crecer, encontró en la Estadística la aliada perfecta para recoger información sobre las realidades humanas, sirviendo de tamiz de lo que pudiera resultar espurio en los estudios académicos.

A la observación empírica se sigue un análisis estadístico de los datos numéricos recogidos, de tal forma que se rastrea la información coleccionada para localizar patrones que determinen relaciones causales. Se prepara el entorno experimental adecuado para poder comprobar las hipótesis lanzadas inicialmente. La respuesta de la Naturaleza es acotada para poder aislar los factores que resulten determinantes en el resultado observado, diferenciándoles de los que resultasen secundarios. Las deducciones obtenidas servirán para reunir todas las observaciones realizadas en una formulación lógica y matemática que se pueda utilizar posteriormente para ejecutar previsiones acerca de eventos en el futuro.

La trasnformación de un hecho en conocimiento científico necesita de ciertos condicionantes. En primer lugar, una correlación lógica, una base ideológica que conduzca hacia una hipótesis sobre la que elaborar el trabajo empírico, determinando límites de ejecución del experimento. A continuación es preciso establecer una correlación temporal, es decir, acotar en el tiempo la conjunción de causas y efectos, lo cual dependerá del presupuesto destinado al equipo investigador. Por último, será imprescindible encontrar una correlación matemática o estadística que ayude a fijar una relación funcional entre causas y efectos, hacer abstracción posteriormente, y sea la base para realizar predicciones sobre el modelo hallado.

El conocimiento científico es un campo limitado. La mayor parte del conocimiento que nos rodea está por descubrir, y es ilimitado. El conocimiento implícito sólo tiene opción a convertirse en conocimiento explícito, por medio de los métodos científicos y filosóficos. Por tanto, el potencial de crecimiento del conocimiento causado es ilimitado, y su fuente es el conocimiento inicialmente incausado que, una vez domado por las metodologías más convenientes, se convierte en causado. Jung distingue entre ambos campos como conocimiento científico y conocimiento sincronístico.

Siguiendo la estela de Jung, toda sincronicidad es susceptible de convertirse en conocimiento científico una vez se dispone de las herramientas adecuadas. Mientras éstas no se poseen, sólo cabe hablar en términos de magia, la cuál es perféctamente válida mientras tenga utilidad dentro de la sociedad. La magia como medio de enriquecimiento personal a expensas de la sociedad nunca podrá ser conocimiento científico. Es la denominada magia negra. Cuando una sincronicidad funciona de manera útil de cara al público, la sociedad pone los medios para que se desvele y pase a formar parte del conocimiento de la comunidad científica.

Me resulta de particular interés cómo el conocimiento también puede perderse y olvidarse, siguiendo el camino inverso. La barrera que separa magia de ciencia es permeable, sin duda, y también bidireccional. La perfección del calendario maya y de la arquitectura de la pirámide de Gizeh son incontestables. Se ha tratado en múltiples ocasiones qué módelos se pudieron haber usado para sustentar el funcionamiento de las herramientas que originaron tales obras, pero se ha llegado a la conclusión de que es un conocimiento perdido en la Historia y que todavía, después de milenios, no se ha podido recuperar. Su constatación física sigue ahí, después de todo este tiempo. Pienso que son pequeños pasos atrás que da la Humanidad para que tome auténtica conciencia de la importancia de guardar y almacenar duraderamente el saber, así como de la necesidad de aplicarlo continuamente en pro del beneficio del conjunto de los seres humanos. Un grandísima tragedia como fue el incendio de la Biblioteca de Alejandría nos habla también de la necesidad de distribuírlo y difundirlo, sin que llegue a existir otra opción de que su acumulación en pocas manos suponga su interesada desaparición.

Jung expone en su obra “La interpretación de la naturaleza y la psique” un hermoso ejemplo sobre cómo recoger, o recuperar, conocimiento desde el campo de la sincronicidad para adecuarlo a las necesidades científicas y filosóficas actuales. Utilizando la física de Kepler y la ancestral astrología como columnas de soporte, coloca las dovelas de un arco, entre muchos posibles, de una moderna teoría psicológica del matrimonio cuya piedra angular es el análisis estadístico de cartas astrales de una muestra de 180 parejas, disponiendo de 360 horóscopos sobre los que trabajar. Los números obtenidos le permitirán determinar el grado de significatividad de la teoría astrológica puesta en tela de juicio. El ejemplar del que dispongo dispone de un resumen, debido a que el propio Jung hace notar la dificultad para seguir el razonamiento sobre el que trabaja, por lo que procederé a añadirle como apéndice a este artículo para que los lectores puedan obtener las conclusiones del experimento directamente desde la pluma del psicólogo.

Magia y causalidad son conceptos que manejamos cotidianamente, mas inconscientemente. Es su forma natural. Tan sólo cuando se aplican entre partes que no se encuentran dentro del mismo círculo de confianza es necesario hacerlos explícitos para que la buena voluntad dirija las relaciones entre los actores. Los modelos, o lenguajes, que se utilicen serán el campo común en el que cada parte expondrá sus motivos para la unión de intereses. En las relaciones profesionales se refleja este hecho con una parte proveedora y otra parte cliente que aportan conocimiento en forma de productos, servicios y capital. El ámbito público sirve de tercera parte que ayuda a avalar la confianza mutua en su relación.

Continuamente utilizamos conocimiento mágico en nuestra vida. Conjugamos causas y efectos conforme a las frecuencias de los acontecimientos que percibimos, modelables en funciones sinusoidales gracias al formidable trabajo de Fourier. Identificamos objetos con una facilidad asombrosa. No es preciso darse cuenta de cómo se camina para caminar con garbo. Pero esto es por ser humanos y por tener capacidad para dejar nuestro consciente a menesteres más útiles. Para elementos más limitados que emulan las capacidades humanas, son tareas prácticamente inabarcables. Una máquina puede verse en un auténtico problema identificando algo tan usual para nosotros como son manzanas: que tenga rabito o no, el color, el tamaño... serían hándicaps insuperables para que un computador realizase la tarea con la facilidad con que lo hacen las personas. De la misma forma, la transformación de señales en sus series de senos y cosenos asociadas permitiría su computación, mas no de una manera exhaustiva. A la hora de aplicar el conocimiento sincronístico en herramientas útiles a nuestro quehacer diario es imprescindible tenerlo presente para acotar los campos de aplicación convenientemente, de tal manera que no pidamos a nuestras herramientas imposibles. Pero éste es otro tema...


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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