rafa    rgranero@vodafone.es Fecha  13/07/2004 21:15 
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Admin: Borrar mensaje Re: Verdad, redundancia y falsabilidad
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No me siento con capacidad teórica suficiente como para inventar, enmendando la plana a Wittgenstein, un sistema lógico basado en proposiciones diferente del que el propio Wittgenstein nos legó, y que aún sigue en vigor en el mundo académico, científico y filosófico.

Te remito a su obra “Tractatus” (que no he leido, tan sólo he accedido a su contenido a través de diversas obras de divulgación) para definir qué es una proposición.

Así que cedo la palabra a Wittgenstein para que sea su discurso el que conteste a tu primer párrafo.

Wittgenstein diferencia entre:

Proposiciones llenas de sentido: son, a su entender, las únicas proposiciones auténticas. Son las proposiciones de las ciencias naturales y deben ser falsables (verdaderas o falsas). Siguiendo a Rusell, también entiende como proposiciones el lenguaje cotidiano descriptivo

Proposiciones vacías de sentido: no describen hechos del mundo. Y no lo pueden hacer porque no son proposiciones contingentes, si no que, necesariamente, son ciertas (tautologías) o falsas (contradicciones). Tautología: algo existe o no existe. Contradicción: algo existe y no existe.

Pseudoproposiciones o proposiciones insensatas: parecen proposiciones, pero no lo son. Son intentos vanos de describir unas realidades –como por ejemplo: valores, esencias, ideales- que se encuentran, por definición, más allá de la capacidad de expresión del lenguaje: son expresiones usadas por la metafísica, la ética, la estética o la religión. No son, no pueden ser, falsables.

Debo decir, para evitar males entendidos, que Wittgenstein no niega que existan cosas que el lenguaje no puede expresar en forma proposicional, al contrario, afirma que existen, pero que no pueden ser expresadas mediante la lógica de las proposiciones. Y sostiene, por último, que intentar expresar su experimentación, su vivencia por medio proposiciones es realizar un intento insensato (sin sentido).

(pàgina 191 i següents del llibre “El pensament filosòfic i científic II. El segle XX”, Josep M. Terricabras –coordinador- Edicions de la Universitat Oberta de Catalunya, Col•lecció Àgora Biblioteca Oberta, Barcelona 2001)



Ahora soy yo otra vez.

En el diario enfrentamiento con la realidad, y para mi comodidad, sólo me interesa la primera acepción. Con ella me siento cómodo a la hora de pelearme con la información que me llega.

En cuanto a lo que indicas en el segundo párrafo, es cierto lo que dices: la oración “una proposición debe ser falsable para ser una proposición” no es una proposición, es un axioma (una definición), luego no es falsable, pero no por ello deja de ser una definición.

Recordemos a Rusell y su teoría de los tipos (ob. cit. pág. 175 y siguientes). Rusell desarrolla esta teoría para no caer en la trampa llamada “la paradoja de Rusell” (ob. cit. pág. 170 y siguientes). Mediante la misma distingue entre conjunto (en nuestro caso, definición de qué es una proposición) y elemento del mismo (en nuestro caso, oración que cumple la definición). Esta distinción de tipos nos permite no tener que exigir (lo que nos haría caer en la paradoja) que el conjunto cumpla lo que cumplen los elementos.

Digámoslo así, si defino que un jugador profesional de fútbol es aquel que esta federado a través de un club deportivo legalmente instituido, esta claro que no necesito exigir que la propia definición, para ser válida, cumpla con lo que, a su vez, exige.

En cuanto al tercero, primero cambiaré tu pregunta por:

¿cómo calificarías a oraciones que expresen cierta probabilidad? O bien ¿calificarías como proposiciones (auténticas, añado yo) aquellas oraciones que expresen cierta probabilidad?

Poner “oración” en lugar de proporción es obvio. Indicar probabilidad en lugar de posibilidad es un tema de categorizar con exactitud: una hecho es posible o no, sólo si es posible tendrá una probabilidad distinta de cero.

Ya he indicado, siguiendo a Wittgenstein y a Rusell, pero también a Frege, a Moore, a Chomsky, etc., que las oraciones no tienen por que ser proposiciones para ser útiles en el análisis de la realidad. Los 5 axiomas de Peano, que por cierto fueron fundamentales no sólo para el desarrollo de las ciencias matemáticas, si no para el desarrollo de toda la lógica de Rusell y Wittgenstein, no son proposiciones por que no son falsables, eso sí: son una herramienta absolutamente válida para el análisis de la realidad.

Bien, Daniel, has logrado que me estruje las meninges…

Hasta más leer.

Rafa.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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