Rafa    rgranero@vodafone.es Fecha  23/07/2004 14:49 
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Admin: Borrar mensaje Re: Reflexión antropológica
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Mi muy querido y estimado contertuliano, ruego permita exponer mi más absoluta desavenencia para con su primera frase: el teorema de Gödel no impone ninguna limitación al conocimiento. El teorema de Gödel impone una severa ¡qué digo severa: absoluta! restricción a la capacidad de cualquier sistema lógico de generar por sí mismo todos los argumentos necesarios para su propia demostración o significación.

Debo indicarle, con el debido respeto, que sólo utilizando las tercera ley de la dialéctica, argumento que hoy, y que fuera de comunistas teóricos, mis excusas para con ellos, y hegelianos irredentos, de los que espero no me lo tengan en cuenta, ya nadie mantiene, podría entenderse aquello de que la contradicción es el mejor argumento, algo así como que la encina es la negación (contradicción) de la bellota... (y con esto no quiero hacer ninguna insinuación sobre ninguna posible relación con los animales que muy decentemente son comedores de bellotas).

¡Ay! ¡la Verdad, la Verdad! Emulemos al vate y digamos: ¡Verdad, cuántos crímenes se han cometido en tu nombre! El primero de ellos es introducir (podría haber dicho meter, pero parece ser que aquí priva lo hermético, y si además está aderezado de tal manera que una deba ser un hermenéutico -Arte de interpretar textos y especialmente el de interpretar los textos sagrados.- para entenderlo, mejor, obviando, eso sí, que en la filosofía de Hans-Georg Gadamer, la hermenéutica es la teoría de la verdad y el método que expresa la universalización del fenómeno interpretativo desde la concreta y personal historicidad –RAE dixit-), pues eso, que el primero de ellos es introducir en un mismo saco la verdad (física: científica, como resultado de un juicio del conocimiento) y la verdad (ética: moral, como resultado de un juicio de valor), y a esto, a confundir las dos fuentes de conocimiento (la científica y la ética) se le llama metafísica. Sí, mi querido desconocido, pues es la metafísica, y sus seguidores, los metafísicos, quienes buscan una verbalización absoluta de la Verdad y buscándola la cagan (Uy! Perdón, quise decir que yerran) pues ¿cómo van a encontrar algo que no existe? Ahora bien, yo no me atrevería a llamar a los metafísicos eclécticos, no sea que estos últimos no lo entendieran si no como una agresión y nos descolgaran el post. No. A los eclécticos les llamaría, simplemente, vagos (pero de buen rollo ¡eh! de buen rollo).

La filosofía científica, si me permite que yo le aperciba en este sentido, acepta que ética y conocimiento objetivo avanzan al lado uno del otro alimentándose y articulándose en la acción. Así, y a diferencia delo propuesto por los metafísicos, es la acción la fuente del logos, expresado como ética más conocimiento, pero ella, a su vez, viene condicionada por la ética y el conocimiento objetivo. Cuando en la ciencia se establece un principio no demostrable, se esta exponiendo un juicio de valor, una ética. Cuando llevamos a cabo una experiencia basada en ese principio y la llevamos a cabo con la tecnología en ese momento disponible (conocimiento objetivo) realizamos una acción (condicionada por la ética y el conocimiento objetivo) que a su vez, y de forma no dialéctico-contradictoria, nos permitirá ampliar nuestro conocimiento objetivo, el cual podrá permitirnos mantener aquella ética u obligarnos a replantear la ética. El conocimiento objetivo –el juicio de conocimiento- lo es en tanto una nueva experiencia no lo invalide. Llegado el caso dejaría de ser un conocimiento objetivo para ser una falsedad. La ética -el juicio de valor- lo es en tanto, sencillamente, queramos que sea. Nada hay que la falsee, pues no es falsable. Si mi ética –juicio de valor- me impide experimentar con células pluripotenciales (las mal llamadas células madre: ese nombre ya sugiere un juicio de valor, pues ¿quién va a experimentar con una madre?) no ejecutaré acciones que me permitan aumentar mi conocimiento objetivo o que me hagan replantear mi base ética. Donde digo células pluripotenciales, podemos decir: bonobos, conejillos de indias, ratas... Y allá cada cual analice su base ética.

Ya verá Vd, a quien la providencia guarde muchos años, que es obvio que sea más fácil estudiar (analizando, previa disección física o virtual) al entorno que a uno mismo. Pero ello es obvio si sabemos discernir entre las dos caras de la verdad: juicios de valor y juicios de conocimiento. Si no, no es obvio, es una fuente de perplejidad. Y también es obvio que Kant se preguntara ¿qué c... es el Hombre? Así, en mayúscula. Pero en minúscula ya empezamos a saberlo. Por lo menos, ontológicamente y biológicamente hablando, sabemos que no tiene por que ser más que el gusano C. elegans (Sydeny Brenner, 1965), más complejo, sí, reflexivo, y el gusano no, también, pero no más complicado. Esa afirmación, ya ve Vd, es un juicio de conocimiento, y por lo tanto falsable bajo argumentación generada por la experiencia, que no un juicio de valor.

Y en cuanto a Kierkegaard... tiene un evidente error de categorización, quiere oponer, y opone, conocimiento y creencia: absurdo. Es como oponer cuerpo y mente... pero eso ya es harina de otro discurso.

Hasta más leer.

Rafa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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