Natalia     Fecha  23/04/2004 17:40 
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Admin: Borrar mensaje Re: ¿Nihilismo o socratismo?
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Parece ser que el nihilismo es un cajón de sastre, un batiburrillo de conceptos, escuelas y autores. Por el arco iris nihilista desfilan escépticos, sofistas, empiristas, nietzschanos, anarquistas, pesimistas a lo Shopenhauer y diversos posmodernos. Pero voy a focalizar la cuestión en el nihilismo de impronta nietzschana, el que trata de trasmutar un cuerpo de enseñanzas platónico-cristianas. Ese nihilismo no se crea “ex nihilo” sino que parte en gran medida del ideario evangélico de Jesús, de modo que sirve de contrarreferencia y contravalor de aquel. El Zaratustra es el Evangelio puesto del revés, Cristo visto a contraluz desde la perspectiva de un pensador agónico, elitista y que muere tras diez años de sufrir una demencia irreversible.

La perspectiva del tiempo indica a las claras que la crítica del filósofo alemán no tiene por blanco el cristianismo numinoso y original sino la deformación vaticana y católica de aquel. Bajo esa óptica Nietzsche acomete la tarea de depurar los ectoplasmas que se han ido adhiriendo al ideario ético del nazareno a lo largo del tiempo. Su crítica es acertada, ve con claridad que los ideales de fraternidad, igualdad y libertad que predicaba Jesús han sido corrompidos por una teocracia que coloniza sin pudor las conciencias individuales y nacionales. Recuerdo, de paso, que crítica similar la formuló Lutero antes que Nietzsche pero sin poner nunca en duda el fundamento metafísico y ético de las enseñanzas de Cristo.

Pero Nietzsche da una vuelta de tuerca, considera perdido para la historia la validez del mensaje cristiano y se las apaña para elaborar un nuevo credo que, no conviene olvidarlo, nunca logra despojarse del humanismo implícito en la rica tradición emancipadora que desemboca en Jesús. Entonces el filósofo alemán nos devuelve la pelota y nos dice: “creed en vosotros mismos, no aceptéis mediadores, desconfiad de la moral católica, renegad de los que esterilizan las conciencias”. A partir de ahí y sabiéndose él mismo un renegado del incipiente humanismo democrático, parece convertirse en un profeta a futuro, nos remite a un hipotético y luminoso porvenir que se materializará tras un penoso periodo de guerras y confusión. Ese periodo de oscuridad, acertadamente señalado por él, es el nihilismo destructor que nos invade.

Lo llamo nihilismo destructor, disangelio, perversa ideología sinarca. Se sitúa en los antípodas de la “ratio” (medida y armonía) de las creaciones naturales y a las que deben de tender las humanas, aplaude una inversión aberrada de los conceptos fundamentales de la filosofía socrático-platónica-aristotélica, y borra de un plumazo la rica y fecunda tradición esotérica de raíz mesopotámica, egipcia e hindú. Ese nihilismo parásito y vampiro, que a veces se ha apropiado del pensamiento de Nietzsche en provecho de sus turbios intereses, carece de ideología y de razón. Ese nihilismo vampiro es la antirazón, la anticrítica, el espejo en el que no sólo no debemos reflejarnos sino en el que es imposible reflejarse, diabólico agujero negro que nada construye, que nada aporta y que todo lo engulle en su gula insaciable.

Corresponde a los nihilistas no destructores, no disangelistas y no sinarcas desmarcarse con meridiana claridad de la antirazón y del antihumanismo. Se me ocurre tarea imposible fundamentar un discurso que ignore la “ratio” socrática, platónica y aristotélica, que se empecine en exiliar lo numinoso del imaginario humano, al tiempo que considero arriesgado que juegue a realizar saltos en el vacío en función del dandismo, el relativismo o el romanticismo, salvo que tales piruetas queden circunscritas al libre albedrío de lo subjetivo y sin pretensiones dogmáticas, al gusto por la aventura y al mayor o menor aprecio que se tenga por la osamenta propia.

Siguiendo el discurso nietzschano, no hay que olvidar que la transvaloración también afecta al nihilismo salvo que la función de éste se agote en la crítica y fenezca una vez que la crítica haya sido formulada y superada. Es un proyecto y un debate interesante que supongo inspirado por la armonía, la belleza y la razón.

Un abrazo




>Creo que aida2003, queriendo salvaguardar cierta simpatía por el nihilismo –sobre todo por el nietzscheano- ha dado pie a una perversión de lo que suele haberse convenido entorno a una postura nihilista, que creo que es a la que se refería Natalia.
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>Aida2003 se aferra a la idea de transvaloración. Es decir, concibe el nihilismo como un proceso no destructor, sino deconstruccionista en vistas a una nueva fundación. Se intenta suplantar la metafísica platónico-cristiana por una nueva metafísica, de nuevo cuño, que cierre, de golpe y porrazo, las puertas de la trascendencia e instaure la era lúcida de los absolutos terrestres. Se entiende el nihilismo contraponiéndolo al orden platónico-cristiano, a través de la proclamación de la caída del fundamento, de la negación del Ser, de la muerte de Dios; dejando paso a la metafísica de la inmanencia y del devenir: el eterno retorno de lo mismo.
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>Pero yo pregunto, ¿en nombre de qué fundamento o pie ontológico se puede desplegar semejante proclamación o autonegación que instaura una nueva superestructura, si no es porque se sobreentiende precisamente lo que se intenta negar, es decir, el Ser? O dicho en otras palabras, ¿cómo algo que no es en sí más que una modalidad efímera, no ya del ser, sino del no ser, puede ser capaz de proferir una afirmación universal, aunque sea de la nada?
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>Si somos estrictos y tomamos en serio el postulado nihilista, tendremos que reconocer que lo que habíamos tomado por un ser no era realmente más que un fantasma del ser, el simulacro engañoso de un ser que, ése sí, sería verdadero, o, lo que es lo mismo, no estaría sometido a esa ley general de la disolución.
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>En el nihilismo se incurre en el mismo error que en el psicoanálisis freudiano: si la misión del nihilismo es terminar con las máscaras del Ser, a través de una despiadada exigencia de verdad ¿cómo es posible habar de "falsedad" sin incurrir en una contradicción? ¿En nombre de qué se puede atribuir al ser la "falsedad", si no es en nombre del ser mismo? ¿Y cómo puede el ser afirmarse a través de una negación?
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>“Más allá de la máscara, el nihilista no halla el rostro, sino el vacío: no puede escuchar el decir del ser, sino que es remitido a la inacabable cháchara del sin sentido”. (Pietro Prini)
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>Entonces cómo se puede hablar de valores más allá de… (transvalores) si se niega el Ser? Si todo se reduce al devenir de los entes hacia la nada, si lo entes son reflejo de ésta. ¿Qué valor fundamental puedes ser articulado? Se está negando lo que hace posible que haya algún valor. Por lo que no nos queda más remedio que afirmar que la caída del fundamento es una falsificación de la cuestión del ser. Y esto es lo creo que aida2003 ha escamoteado.
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>Un deconstruccionismo que no niega el Ser, se convierte automáticamente, bajo mi forma de ver, en un socratismo. Entendiendo esta deconstrucción como una desmitificación de los absolutos terrestres en referencia precisamente a esa voz disuasoria que Sócrates identificaba con lo sagrado, con la deidad.
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>Un abrazo.
>                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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