rafa    rgranero@vodafone.es Fecha  13/07/2004 21:40 
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Admin: Borrar mensaje Re: Epicuro en la memoria
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Paradoja de los conjuntos universales: sea un conjunto A que contiene a todos los conjuntos del universo que entre sus elementos no se contiene a sí mismo. Ante la pregunta “¿es A elemento de A?” si decimos que no, cumplirá la definición indicada, por lo que sí lo será, si decimos que sí, no cumplirá la definición indicada, por lo que no los será.

Esta paradoja, llamada por Rusell paradoja de la teoría inocente de conjuntos, fue resuelta por el propio Rusell a través de la teoría de tipos.

Recordemos a Rusell y su teoría de los tipos (ob. cit. pág. 175 y siguientes). Rusell desarrolla esta teoría para no caer en la trampa llamada “la paradoja de Rusell” (ob. cit. pág. 170 y siguientes). Mediante la misma distingue entre conjunto (en nuestro caso, definición de qué es una proposición) y elemento del mismo (en nuestro caso, oración que cumple la definición). Esta distinción de tipos nos permite no tener que exigir (lo que nos haría caer en la paradoja) que el conjunto cumpla lo que cumplen los elementos.

(pàgina 170 i següents del llibre “El pensament filosòfic i científic II. El segle XX”, Josep M. Terricabras –coordinador- Edicions de la Universitat Oberta de Catalunya, Col•lecció Àgora Biblioteca Oberta, Barcelona 2001)

Digámoslo así, si defino que un jugador profesional de fútbol es aquel que esta federado a través de un club deportivo legalmente instituido, esta claro que no necesito exigir que la propia definición, para ser válida, cumpla con lo que, a su vez, exige.

Los llamados corrientes filosóficas epicúreas, estoicas, cínicas… trataban más sobre la filosofía de la vida del ser (las tres indicadas hablan mucho sobre el comportamiento del ser en la sociedad y de la relación del mismo con ella) que de filosofía del ser. La filosofía no logró, hasta bien entrada la edad moderna, ver al ser para si además de al ser en si.

De Epicuro y su filosofía vital te has quedado sólo con el aroma. Lo siento, pero es así.

Aunque peque de osado por atreverme a dar consejos, mantengo lo que he contestado a Muller: Leer, leer, leer y después: leer.

Leed los últimos filósofos, ellos, deudores como son de los viejos filósofos, os indicarán en sus propias obras sus fuentes.

Leed los viejos filósofos, pero sabed que están periclitados no en su capacidad de hacer preguntas, si no en muchas de sus respuestas. No se les puede exigir más, iniciaron caminos que aún hoy nos dan quebraderos de cabeza.

Y hay que respetar a las personas... pero no a las ideas.

Hasta más leer.

Rafa.




                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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