Sintética     Fecha  25/07/2004 22:03 
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Admin: Borrar mensaje Re: Contra Spinoza. Crítica de la axiomática arbitraria del materialismo.
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Spinoza no habla del conato como potencia de obrar, lo define como la variación del grado de potencia: si somos capaces de fijar con exactitud ese grado habremos definido mejor que de ninguna otra forma la naturaleza de un modo de ser , su esencia. Naturalmente el grado de potencia de Dios no es variable, su esencia es su existencia, su poder absoluto; no consiste su esencia como en estos otros modos de ser, estas otras cosas reales que existen en este momento, las que sean, en el esfuerzo (conatus) con el que intentan perseverar en su ser, seguir siendo. Es un matiz importante, el conatus es un grado variable de potencia, variable en función de algo que Spinoza llama "occursus", encuentro. Intento explicarlo mejor.

La distinción teórica entre lo vivo y lo muerto en Spinoza, y en general, es más que difícil: aún no hemos encontrado la respuesta a la pregunta ¿qué es la vida?; aunque a todos nos resulte muy fácil distinguir lo vivo de lo muerto de un vistazo aún no somos capaces de programar a una máquina para que se pronuncie sin error. La diferencia que señala Spinoza no trata de lo vivo y lo muerto sino de lo existente siempre y lo existente ahora:

o bien se trata de cosas que son ellas mismas la causa de su existencia. De estas cosas solo hay una, es una substancia, es eterna, su esencia es igual a su existencia, se llama “Dios o naturaleza”, tiene infinitos atributos, todos los que quiera (son atributos de Dios el pensamiento y la extensión; el cuerpo es un modo de la extensión, el espíritu es un modo del pensamiento.

o bien se trata de cosas que deben su existencia a una causa distinta de ellas, esto es, las que deben su existencia a “Dios o naturaleza”. Aquí están todas las cosas singulares y finitas que existan ahora. No está hablando de entes de razón, de ideas, está hablando de los seres o cosas reales que existen ahora pero que bien podrían dejar de existir en cualquier momento. Todas esas cosas, sin excepción, son afecciones de los atributos de “Dios o naturaleza”, de la extensión y del pensamiento. Le acusaron de panteísmo.

La esencia de la primera es su existencia; la esencia de las segundas es el esfuerzo (conatus) con el que se empeñan en seguir siendo. Dios no es conato, Dios es. El hombre no tiene conato, el hombre ES conato.

Todos esos modos de ser que no son substancias, sin excepción, son definibles, explicables, cognoscibles, atendiendo a su grado de potencia variable. Los cuerpos se combinan: el grado de potencia de este vaso singular de veneno, por ejemplo, es idéntico a lo que este vaso de veneno es, esa es la idea; el grado de potencia de esta mujer singular que te escribe, por ejemplo, es idéntico a lo que soy. Ahora supongamos que mi cuerpo y el veneno se mezclan, que me encuentro con el veneno: el veneno hará lo suyo, yo haré lo que pueda; se ha establecido una lucha, ganará el que pueda seguir perseverando, insistiendo, en su ser. En cualquier caso, después de que uno se encuentra con un vaso de veneno uno se debilita, así que ya se puede decir que el veneno es malo, afortunadamente no solo cabe envenenarse, también es posible hacer buenos encuentros de tal modo que en vez de debilitarnos seamos más fuertes, un buen zumo de manzana, por ejemplo.

Estos son los términos en los que Spinoza plantea el asunto, me parece muy importante que nos movamos en ellos: si se trata de objetarle algo a Spinoza ha de ser a esto que dice él. Por ejemplo, Spinoza no atribuye el conato a lo vivo (consciente o no) sino a lo existente de hecho pero que bien podría no existir (consciente o no); en efecto es muy difícil distinguir entre lo vivo y lo muerto en su sistema, quizá por eso le dedicó Unamuno todo aquello del hombre Spinoza que quería ser inmortal, pero es que también es muy difícil distinguir entre lo vivo y lo muerto para la biología actual.

Queda si acaso algo pendiente, dices que “uno podría preguntarse si, según Spinoza, obramos nosotros o es la substancia infinita la que obra en nosotros” Bueno, Spinoza dice literalmente: “las cosas particulares no son sino afecciones de los atributos de Dios, o sea, modos por los cuales los atributos de Dios se expresan de cierta y determinada manera”, (I, prop. XXV, corolario) y que “Una cosa que ha sido determinada a obrar algo, lo ha sido necesariamente por Dios; y la que no lo ha sido por Dios, no puede determinarse a sí misma a obrar” (I, 26). Pero lo que sí podemos hacer es determinarnos a conocer lo que nos entristece y lo que nos alegra y apartarnos conscientemente de lo primero y elegir conscientemente lo segundo, hacer en vez de padecer.

Cordialmente.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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