Althair     Fecha  6/07/2004 18:34 
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Admin: Borrar mensaje Re: Aristóteles sobre dios. Irichc, ¿dónde ves tú religión aquí? ;)
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Hola, Sintético:

Planteas cuestiones muy interesantes que enriquecen el debate y el foro.

Tal vez podamos intentar una síntesis dialéctica de los planteamientos de Platón y Aristóteles sobre Dios recurriendo a la física cuántica. Hoy diríamos que ese motor inicial no es externo sino interno, implícito en el universo. Es lo que viene a denominarse campo cuántico o universo cuántico. Las esencias, formas y fines de la filosofía aristotélica pasan a llamarse información del campo cuántico.

El modelo de Bohm afirma que subyacente a la realidad macroscópica y natural existe un orden implicado, una fuente inmensa e inagotable de energía que interactúa con el orden manifiesto o macroscópico mediante códigos de información. Lo que le permite a la planta de tu ejemplo convertirse en árbol es un patrón- forma que la guía hasta convertirse en árbol. Ese patrón-forma es una idea, modelo o propuesta que surge en el orden implicado y se proyecta en el orden manifiesto. Mas para que ese patrón-forma se materialice de verdad debe probar su validez en la naturaleza miles de veces. Una vez que ha demostrado su eficacia o adaptabilidad, el orden implicado la registra como una idea o forma válida y le asigna un código genético molecular y un código genético formal (de forma, apariencia).

Aquí vemos que el orden implicado (Dios en la terminología aristotélica) interactúa y dialoga con el orden manifiesto. Luego ese Dios, con independencia de hallarse inmerso en la percepción pura de sus ideas más bellas, se encuentra en diálogo permanente con el inmenso océano cuántico en el que todos somos agentes. La creatividad de cada humano, mineral, vegetal o animal basa su ontología en la libertad de diálogo con el orden implicado. A la postre, la creación y la naturaleza constituyen un esfuerzo colectivo, una aportación continua de sus miembros a esa central energética e inteligente.

En este sentido el objeto formal de la conciencia divina no puede ser solamente su esencia divina pues en ese caso nos encontraríamos con una deidad narcisista. Esa deidad es participativa e informacional, y si admite la creatividad lo hace en función de la libertad que recorre su naturaleza. Parece ser que el único límite que impone es que tal despliegue de creatividad se desarrolle conforme a códigos entendibles por los seres del universo. Es decir, significados regidos por la armonía y la belleza.

El desorden también se permite, tal vez para que sirva de contramodelo. Un ejemplo doloroso de ello es la metástasis tumoral, la libre e incontrolada proliferación de células caníbales que colapsa el sistema orgánico. Otro ejemplo son los impresionantes cataclismos cósmicos consentidos por la mecánica celeste y que nos revela su faceta salvaje.

Hay otro asunto del que podríamos hablar aquí pero que por su complejidad llevaría más tiempo, y es el juego que se establece entre la forma y el vacío. ¿Puede el vacío ser creador? La ontología oriental dice que sí. Sorprendentemente, el mecanicismo reduccionista imperante en la tecnociencia contemporánea al igual que el materialismo filosófico, orillan el vacío y lo remiten y resumen a/en aquella famosa frase de Wittgenstein: “de lo que no se puede decir, mejor no hablar”, enunciado que si bien se muestra eficaz para desterrar la superchería y la irracionalidad, sitúa al pensador como dueño absoluto de lo que puede ser dicho o no dicho, imaginado o no imaginado, o sea, una forma rigorista de percibir el mundo que no comparto. Ese rigorismo viene predeterminado como una barrera, la simbiosis formada por el pensador y su memoria de sí, para algunos una cortina de humo que impide percibir la belleza y profundidad del campo cuántico de la conciencia humana.

Por último, todo parece indicar que los modelos más sutiles y originales propuestos por los filósofos y científicos del campo cuántico señalan al universo y su estructura material como un pensamiento. Así, el tejido de la materia tanto en sus aspectos groseros como sutiles revelarían una inteligencia plenamente consciente que no se puede violar sin su consentimiento; la ruptura de la capa de ozono y el efecto invernadero apuntan a diseños científicos e industriales inadecuados, lenguajes incorrectos para dialogar con la naturaleza que nos circunda. Al ser la creación una idea, un pensamiento, cualquier materialismo miope y mecanicista nada podría encontrar en ella y se vería abocado a extraviarse en un mar de acontecimientos carentes de sentido y finalidad. No hay otro modo de aproximarse a la inteligencia natural que otorgándole significado, pues el yo (la partícula) que la escudriña se halla condicionada por la información (la onda) del campo cuántico con el que interactúa.

Saludos
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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