Victor    victor_leitschuh@yahoo.com Fecha  22/04/2004 05:42 
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Admin: Borrar mensaje Re: A qué se parece una prueba teológica (Prescripción contra todos los ateísmos)
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no sé, creo que te pasas.

Por lo que dices parece que dejas sin dudas a los creyentes.
¿No tienen dudas los creyentes? Pues si las tienen pueden ser las mismas que las de los ateos pero con otras palabras.

Un ateo auténtico no creo que viva preguntándose acerca de dios. Lo mismo con el creyente auténtico. Para el uno no existe y para el otro sí, 'indudablemente'.

Más bien sus dudas serán las clásicas: ¿Qué debo hacer?, ¿Qué es el bien?, ¿Por qué todo? Al final yo creo que Dios puede pasar a un segundo plano y que lo que nos ocupe sea el día a día.

Tanto cristiano como ateo saben que deben obrar bien, y que la recompensa o el bienestar lo recibirán (por lo menos) en vida.

No sé, parece que estemos esperando la demostración de que dios existe para volvernos mejores. Parece que si realmente papi me está mirando no podré romper más jarrones. Que me perdonen pero eso es una chiquillada.

¿Qué nos priva de mejorar ‘ahora’ huerfanitos? Como ya dije, ¿no será una excusa? Posponer nuestro cambio hasta que algo descabellado se haga realidad. Como decir: no cambiaré hasta que las ranas tengan pelo.

Cambiemos ahora y convirtamos esta vida en el paraíso anhelado que tanto buscamos en ese regazo de Dios.

Pues sí, desde aquí digo que Dios existe y nos ha dado la oportunidad de cambiar a mejor cada día de nuestras vidas y nuestro mundo.
Somos libres. Y el infierno es nuestra propia debilidad. Son nuestras tentaciones.

¿Qué queremos, a un papi que nos controle todo el tiempo y nos dé cachetitos en la espalda cuando lo hagamos bien? O queremos ser autosuficientes y responsables para levantarnos y caminar por nosotros mismos.

¿Qué nos pasa cuando vemos a alguien mejor que nosotros? ¿Nos alegramos por él? ¿Sentimos amor por él? O más bien nos enclaustramos en nuestra envidia e intentamos superarlo como sea.
La envidia es uno de los primeros tropiezos. Nos desvía de nuestro camino para sumergirnos en el camino del otro. Ya no son nuestras metas, sino las de otro.


No sé, yo creo que la demostración o la prueba de la existencia de Dios es al fin irrelevante. El poder de crear un paraíso lo tenemos nosotros y sólo nos falta (acabar de) aprender a usarlo. Y como en todo, se aprende actuando.

Si puedes ayudar ayuda, si debes pedir perdón pídelo, si puedes impedir una pelea o discusión impídela. ¿No es todo esto obrar bien? ¿Diferirá mucho de lo que pueda creer un zulú en su tribu?

El bien está ahí, es algo concreto, palpable. Que lo disfracemos con otras palabras es precisamente lo que nos confunde, nos ‘relativiza’ y nos aleja de él.

Joder, yo mismo me sorprendo.

Un saludo y nos vemos por el camino...
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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