Finweg Copy & Paste     Fecha  1/11/2003 18:46 
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Admin: Borrar mensaje LOS MEDIOS DE COMUNICACION Y LA CULTURA DE LA IMAGEN.
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Más allá de abanico dispar en cuanto a la caracterización sobre la posmodernidad, o la diferencias valorativas entre apologistas y detractoras, existen rasgos comunes a todas las descripciones y que permiten denominar la cultura actual con características diferentes a una visión clásica de la modernidad. Uno de esos elementos es el gran desarrollo de los medios de comunicación en las últimas décadas que ha llevado a muchos a denominar la época actual como la de la "cultura de la comunicación". Los modernos medios de comunicación son, en gran medida, los responsables de las transformaciones y los causantes de los fenómenos con los cuales se caracteriza la cultura posmoderna. Desde la visión de la posmodernidad como fin de los grandes relatos hasta la posmodernidad como debilitamiento del pensamiento racional y la visión de una historia unitaria y lineal, el papel de los medios de comunicación ha sido el caballito de batalla fundamental a la hora de las argumentaciones. Y si bien es cierto que las críticas a las ideas básicas de la ilustración no son atributos solamente de la posmodernidad, es cierto tambien que las modernas tecnologías comunicativas vienen a reforzar, por lo menos en apariencias, el agotamiento de lo moderno. Son los medios los que han permitido la salida a la superficie de las voces de las diferentes subculturas, y por lo tanto la caída de una visión unitaria del mundo y la historia, según Vattimo. Son las tecnologías comunicativas las que han producido una sociedad de la información, y las que han colaborado en la destrucción de los metarrelatos, según Lyotard.

Si el proyecto de la modernidad ha sido destruido, o se ha agotado en sus propios impulsos, para algunos; o debe ser rescatado de sus detractores para otros, lo cierto es que las tecnologías comunicativas han sido un factor clave en las transformaciones sociales y culturales de este fin de siglo. Ante esto se hace necesario acercarnos a indagaciones sobre cuales son los alcances y consecuencias de dichas transformaciones.
En este sentido es importante los cambios que se han operado en el campo de lo estético y que Huyssen señala como uno de los fenómenos que permiten denominar a la época actual como posmoderna, o sea, aquello que tiene que ver con las modificaciones de la experiencias sensitivas y perceptivas. Esto, porque como dice Huyssen, la experiencia estética es la capacitada para organizar la fantasía, las emociones, la sensibilidad, y por lo tanto puede conllevar, decimos aquí, a una revalorización del deseo de utopia.

Una de las experiencia típica de la cultura posmoderna es la percepción del "shock", experiencia disruptiva de la tradicional reflexiva y que W. Benjamin hace 60 años, recortaba al ámbito de la experiencia del arte de vanguardia y al de la tecnología reproductiva y en la actualidad esta presente en todos los campos de la cultura.

Si al experiencia del shock fue vislumbrado por Benjamin como transformador de la tradición, en la actualidad se ha convertido en reafirmador de lo existente. Hace tiempo que el shock perdió sus impulsos subversivos para ser parte de las técnicas de la industria cultural y cualquier intento de reavivar su espíritu crítico no tendría ningún sentido.

La estética del shock no es solo el atributo de algunas superproducciones hollywodenses, sino que esta presente en la realidad más cercana de las personas del mundo de hoy: la de los medios masivos de comunicación. Estética com?n al videoclip, y que no solo remite a un corto producido para una difusión de un tema músical, sino que la tv, ciertas producciones cinematográficas y literarias reclaman cada vez más parecerse a ese tipo de videos, en donde la caótica proliferación de imagenes fragmentada y desconectadas vuelven imposible una lectura lógica y lineal.

Es este tipo de estética lo que ha permitido a autores como Jamenson hablar de experiencia esquizofrénica, concepto lacaneano que el autor norteamericano utiliza para dar cuenta de ciertas prácticas de la cultura actual. La esquizofrénica es la metáfora que corresponde a la estética de la fragmentación en donde se rompe la cadena de significante y por lo tanto la construcción de sentido se pierde. La serie de significante que ligada constituye una expresión se rompe y por lo tanto se genera una sensación de presente continuo, desconectada de un pasado y un futuro.

Pero este tipo de estética, vinculada fundamentalmente a la imagen, no es la distorsión de cierto tipo artístico de utilización, sino que parece ser parte constitutiva de la propia reproducciones tecnológica de las imagenes. La revolución de la imagen fue de la de un tipo representativa a una reproductora de la realidad y a partir de allí (fundamentalmente con la fotografía hasta los experimentos actuales de realidad virtual, que tiende a borrar realidad y representación), lo que ha sucedido es una aceleración de la velocidad en las mismas y por lo tanto la fragmentación, la simultaneidad, la yuxtaposición, etc, aparecen como lenguajes propios de las tecnologías electrónicas.

Es interesante para esto detenerse en las características que enuncia Baggiolini con respecto a la imagen electrónica y con la cual se puede comprobar no solo la similitud con la experiencia que buscaban las vanguardias, sino como los medios de comunicación son los privilegiados portadores de esta estética. Baggiolini caracteriza a la imagen electrónica como "...Vertiginosidad, implicación sensorial, (re)presentación inmediata, memoria retiniana. Destemporalización: simultaneidad e instantaneidad, actualidad, sensación de presente continuo. Destotalización (fragmentación): gramática no letrada, sintaxis rota que impregna por extensión la literatura y la música joven. Montaje acelerado de los fragmentos por contaminación, collage. Desreferncialización: perdida de lo real como referente, las imágenes hablan por si mismas. Multiperspectividad: múltiples planos de un mismo objeto. La imagen propone que a más puntos de vista, más conocimiento, a diferencia del perspectivismo cartesiano asociado a la escritura que postula que a mejor punto de vista más conocimiento, es decir: linealidad vs multiplicidad."(7)

Esta experiencia sensitiva conlleva una especie de seducción por el vértigo. El vértigo es un tipo de experiencia que fascina y que se busca de múltiples formas, pero que en la cultura actual esta muy ligada a la experiencia con los medios. Una metáfora de esto puede ser el zapping (si bién esta lejos de la experiencia "realmente de vida" a que apela la Pepsi Cola en su publicidad, en donde se recurre a deportes de alto riesgo como cultura del vértigo). Esto porque el zapping es un buen ejemplo para verificar que este tipo de experiencia no remite solamente a la producción televisiva, sino al uso interactivo del espectador que lleva la fragmentación a niveles mucho más extremos. Es cierto que la proliferación del sistema de cables invita a esa utilización, pero es el público el que se fascina con este tipo de lectura vertiginoso. A través del control remoto los espectadores acceden a una acumulación desordenada de imágenes en un tiempo muy breve, lo que requiere una rápida capacidad de retención, aunque más no sea mínima, de información.

La facilidad con los que los más jóvenes pueden "leer" las enloquecida velocidad de las imágenes, en relación a las personas más adultas, manifiesta como se han modificado los hábitos perceptivos. Beatris Sarlo dice que su hace medio siglo la atracción a la televisión estaba sustentado en la imagen, hoy la atracción esta en la velocidad. (8)

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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