Sesma     Fecha  11/12/2004 00:12 
Sistema: Windows XP

Admin: Borrar mensaje La única solución posible es la "vía negativa"
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La vía negativa, en cuanto a las atribuciones de Dios, es la única vía concedida al planteamiento teórico. Y ésta vía es en realidad positiva, en tanto que posibilita la fe, que es una vía práctica: jesucristo.

"Si el Ser es tanto más incaracterizable (es decir, tanto más imposeíble, tanto más trascendente y de todas las maneras) cuanto más Ser es, los atributos no harán más que expresar, que traducir en un lenguaje precisamente muy inadecuado el hecho de que el Ser absoluto es integralmente refractario a determinaciones que sólo versan sobre un Menos-ser, sobre un objeto ante el cual nos situamos, reduciéndonos en cierto modo a su medida y reduciéndolo a la nuestra. Dios no puede dárseme como Presencia absoluta más que en la adoración; cualquier idea que me forme de Él no será más que una expresión abstracta, una intelectualización de esta presencia, y esto no debo olvidarlo nunca cuando intento manipular estas ideas, pues si no, éstas acabarán por desnaturalizarse entre mis manos sacrílegas.

Donde el Tú es absoluto, es decir, donde escapa por esencia a toda captación objetiva, donde no es siquiera asequible, allí donde únicamente está presente mediante la invocación, es decir, la oración, el problema cambia de aspecto. Con toda seguridad, hay una intermitencia de la conciencia y de la experiencia mística, vinculada ella también con la estructura misma de la criatura que soy. Sin embargo, el Tú absoluto sólo puede ser, no digo alcanzado, sino pensado, más allá de todas las preguntas que constantemente provoca en nosotros la criatura: ¿Quién es? ¿Qué quiere? ¿Qué piensa? Siempre he creído que los atributos de Dios, tal y como los define la teología racional: la simplicidad, la inalterabilidad, etc., sólo poseen valor para nosotros si logramos reconocer en ellos los caracteres de un Tú que no podemos tratar como a un él sin desnaturalizarlo, sin llevarlo a nuestra humana e irrisoria medida. «Cuando hablamos de Dios, no es de Dios que hablamos», he escrito no hace mucho. Nunca se insistirá lo suficiente. Existe una trampa de la afirmación teológica como tal, ya que esos «caracteres» que acabo de señalar, si son asumidos como atributos, parecen los más pobres de todos; si se les observa como determinaciones del conocimiento, habrá que convenir que en cierto modo son más míseros que los que se le conceden a la criatura más humilde y más efímera de este mundo al que estamos ligados. Para que se realice el cambio de perspectiva indispensable, para que aquello que parecía una deficiencia infinita se muestre como plenitud infinita, es necesario que la conciencia, realizando un movimiento de conversión decisivo, se inmole ante Aquel que sólo puede invocar como su Príncipe, su Fin, su único Recurso". [Gabriel Marcel]


Un abrazo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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