O_Brecht     Fecha  30/12/2004 13:05 
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Admin: Borrar mensaje La península y sus naciones.
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Si Don Quijote resucitase, y Sancho se atreviese de nuevo a seguirle, daríanse éstos cuenta de que, a pesar de ligeros cambios materiales, pocas cosas cambian en ciertos lugares. En este libro, discúlpenme ciertas clases políticas y ciudadanos, llamaré “península” a lo que otros insisten en llamar “España”, “nación”, “estado plurinacional” o “nación de nacionalidades”; a veces sufro de taquicardia, y cuando me enfrento a algún que otro discurso retórico-nacionalista, de estos desbordantes de emoción y exaltado orgullo por no se qué, me entran unas ganas enormes de pasarme al Zen –aún siendo yo cristiano- para relajar un poco esas efervescencias emocionales que entran por estos lares cuando se pronuncia tal palabra.

Mi península, esa que podría amar tanto como las estepas Rusas –si hubiese nacido en ellas- o las orillas del Rhin –en las cuales me crié- se encuentra en el punto álgido de su estupidez : en el monto del gozo, en Santiago, todavía hay quien planta una bandera y exclama el “más gallego que tú”, de la misma forma que en Madrid se suben a la Cibeles cantan a coro “más español que tú”, de la misma forma que en las ramblas se suben a los faroles borrachos de orgullo exclamando “más catalán” que tú, y, en fin… de la misma forma que en las Vascongadas se tira la txapela al aire gritando : “más Vasco que tú”. Pero eso no es todo, hace unos días, tuve la oportunidad de hablar con un patriota gallego, ¡cuan orgulloso estaba de nacer en el Courel!, “eso sí” –decía- “a los Coruñeses no puedo soportarlos”.

Decía también, este ciudadano, que había estado buscando sus “raíces”, y por lo visto, las había encontrado en el Courel. Yo me quedé pensativo, peguntándome cual era la dificultad de encontrar “raíces” en un monte lleno de árboles, pero me pareció cruel mostrarme irónico con tan simpático hombre. El caso es que, buscando las susodichas “raíces”, el hombre había hecho hallazgos importantes sobre sí mismo : decía que sus orejas eran pequeñas y achatadas, porque los habitantes de tal zona habían presentado siempre esa peculiaridad física. Tampoco quise quitarle la ilusión al hombrecillo, pues cuando me invitó a una de las miles de cantinas que existen en Galicia, hubiese jurado que encontré orejas de todos los tipos… desde las más dignas de un paquidermo, hasta las más características de un roedor.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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