Sesma     Fecha  20/03/2004 16:11 
Sistema: Windows XP

Admin: Borrar mensaje La paradoja del saber
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Lo que antes se llamaba sabiduría se ha convertido en algo que le es extraño: la materia de estudio. «Y entretanto, se amontona gigantescamente, generación tras generación, la mole pavorosa de los saberes humanos que el estudiante tiene que asimilarse, tiene que estudiar. Y conforme aumenta y se enriquece y especializa el saber, más lejos estará el estudiante de sentir inmediata y auténticamente la necesidad de él. Es decir, que cada vez habrá menos congruencia entre el triste hacer humano que es el estudiar y el admirable hacer humano que es el verdadero saber. Y esto acrecerá la terrible disociación que, hace un siglo por lo menos, se inició entre la cultura vivaz, entre el auténtico saber y el hombre medio. Porque como la cultura o saber no tiene más realidad que responder y satisfacer en una u otra medida a necesidades efectivamente sentidas, y el modo de transmitir la cultura es el estudiar, el cual no es sentir esas necesidades, tendremos que la cultura o saber se va quedando en el aire, sin raíces de sinceridad en el hombre medio a quien se obliga a ingurgitarlo, a tragárselo. Es decir, que se introduce en la mente humana un cuerpo extraño, un repertorio de ideas inasimilables, o lo que es lo mismo, muertas. Esta cultura sin raigambre en el hombre, que no brota en él espontáneamente, carece de autoctonía, de indigenato – es algo impuesto, extrínseco, extraño, extranjero, ininteligible, en suma, irreal. Por debajo de la cultura recibida, pero no auténticamente asimilada, quedará intacto el hombre, es decir, quedará inculto; es decir, quedará bárbaro. Cuando el saber era más breve, más elemental y más orgánico estaba más cerca de poder ser verdaderamente sentido por el hombre medio que entonces lo asimilaba, lo recreaba y revitalizaba dentro de sí. Así se explica la colosal paradoja de estos decenios: que un gigantesco progreso de la cultura haya producido un tipo de hombre como el actual, indiscutiblemente más bárbaro que el de hace cien años. Y que la aculturación o acumulo de cultura produzca paradójica pero automáticamente una rebarbarización de la humanidad.»*

En efecto, en la inercia del tiempo en que vivimos, lo que antes era una materia espiritual, ahora es una simple materia. La renuncia metafísica y su consecuente dispersión y posterior concreción en el marco técnico, se ha extendido al punto que ahora se obliga a estudiar, a memorizar, a retener y a traficar con una ingente cantidad de datos y estadísticas, pero no se aprende de ello, dado que esta información realiza la permuta por la cual el individuo entendido como entidad espiritual es eclipsado y sepultado bajo los pilares del rendimiento y la función en la aséptica e impersonal sinergia del abstracto social. Por lo que vivimos en una sociedad de técnicos y eruditos malabaristas de lo extrínseco – aquejados muchas veces de una paradójica impetuosidad hedonista –, que trabajan en la ignorancia respecto a su destino, es decir, respecto a sí mismos; incapaces de ver, más allá de las máscaras, un rostro, una identidad que no capitule ante el sin-sentido de una existencia expuesta al absurdo del accidente puro y que desemboca irremisiblemente en la nada.
Hay que insistir en ello, la existencia no es algo dado, un «factum est», sino un «faciendum», es decir, algo que se tiene que conquistar de continuo, y esto mismo ocurre con su sentido.


Un abrazo.


Sesma


* ["Unas lecciones de metafísica", José Ortega y Gasset, 1933]                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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  • » La paradoja del saber « - Sesma - 20/03/2004 16:11



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