Sesma     Fecha  31/03/2004 00:57 
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Admin: Borrar mensaje La llamada del Ser
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La llamada del Ser más allá del atolladero epistemológico
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«Comprender es el alcance humano, la relación del hombre con el hombre; pero creer es la relación del hombre con lo divino.» S. A. Kierkegaard


Partimos del dato inaugural que es la aventura móvil y dramática de la «existencia» en la urdimbre de su misteriosa encarnación, la cual – hay que decirlo – puede ser violenta y desarrollar las más temibles «patologías».

De este modo, tomamos el «ser~encarnado~en~el~mundo» como punto de partida, así como la evidencia que le muestra ante la reflexión en la imposibilidad de ser problematizado, es decir, racionalizado u objetivado integralmente; evidencia que se apoya y consolida al tener presente que no se trata de algo que aparezca ante nosotros en su integridad, sino algo en lo que estamos involucrados y en lo que participamos, algo que nos trasciende y nos implica; en definitiva, algo que nos afecta en nuestra totalidad y escapa de la esfera de los objetos, resistiéndose a un análisis exhaustivo realizado en base a los datos de nuestra experiencia.

Estamos involucrados en el Ser, aparecemos como cuerpo, como este cuerpo, con el cual no nos podemos identificar ni tampoco desvincular radicalmente. La pregunta por el Ser requiere siempre, pues, una peligrosa y continua acrobacia, en la que la consciencia se piensa a sí misma en los límites de sí misma o, mejor dicho, en el límite que es ella misma. Y esto pone el acento sobre el carácter metaproblemático que adquiere nuestro absoluto preguntar~nos.

La consciencia advierte su incapacidad para comprender su ser o «sí mismo»; sabe que hay partes de su ser que son in-conscientes, y lo más importante, sabe que ni siquiera su historia dentro del marco de «lo existente» fue el resultado de una proclamación de su voluntad. Por consiguiente, la consciencia, embargada por el asombro, ha de humillarse en el reconocimiento de sí misma como parte de un conjunto mayor que la sostiene y al mismo tiempo la desborda, y que nunca dejará de serle esquivo en cuantos esfuerzos haga por con-tenerlo en el conjunto menor que constituye. «Basta intentar plantearse alguna pregunta metafísica (¿Qué soy? ¿Cuál es el sentido último de mi existencia? ¿Tiene más sentido el ser que el no ser?) para percibir de inmediato que la pregunta afecta a la totalidad misma del que pregunta y no tiene, por tanto, ninguna posibilidad de respuesta, que en todo caso debería ser reconocida como válida por aquel que la plantea. He aquí el atolladero epistemológico del que es imposible salir si no se reconoce que la que pone en cuestión globalmente a la conciencia es la verdad misma del ser, su originario manifestarse en que la conciencia se genera como pregunta del ser.»1

Si la consciencia, la misma que trata de desterrar de sí todas las máscaras, fuera acuñadora y responsable absoluta de la cuestión del ser, no podría darse si quiera la ocasión de su formulación, pues se caería en una grave contradicción; es decir, «si el hombre fuera, él mismo, el origen del propio ponerse como pregunta total, es decir, del cuestionar lo que funda el valor de su existencia en el mundo, no existiría ninguna imposibilidad de respuesta, puesto que en todo caso él mismo fundamentaría el valor del propio preguntar. Pero, por eso mismo, este preguntar sería contradictorio, no podría ser formulado»2

«Por consiguiente, debo reconocer que la pregunta «¿qué soy yo?» no puede ser simplemente colocada ante mí como si fuese un problema; ella desborda las condiciones mismas que permiten plantearla; ¿quién soy yo para preguntarme qué soy?, y aquí veo que insensiblemente la pregunta se transforma en llamada.»3

Sören Kierkegaard, en “La enfermedad mortal”, incidió sobre la potencia demiúrgica a través de esta búsqueda o apelación de la consciencia individual para hallar, por sus solas fuerzas, el equilibrio y el reposo. Si el yo se hubiera planteado él mismo, no se podrían dar dos casos de desesperación: la desesperación de no querer ser uno mismo y la desesperación de querer serlo; donde en realidad se ventila la supremacía del Ser frente a la agitación y voluntad de la consciencia o, dicho de otra forma, el conflicto entre el Ser y la voluntad o proyección del espíritu; conflicto que aquí se resuelve cuando el espíritu «en su relación consigo mismo, queriendo ser él mismo, se sumerge a través de su propia transparencia en el poder que le ha planteado»4 .

«Ya es hora de que el metafísico comprenda, si definitivamente quiere salir del atolladero epistemológico, que la adoración puede y debe ser para la reflexión una terra firma sobre la que debe sostenerse, incluso si, como individualidad empírica, sólo le es dado participar en ello en la escasa medida que conlleva su indigencia natural.

»Si sucede de este modo, una filosofía de la trascendencia nunca se dejará separar, incluso en derecho, de una reflexión que se realice sobre las modalidades jerarquizadas de la adoración y que culmine no ya en una teoría, sino en un reconocimiento de la santidad, aprehendida no como manera de ser, sino como dato significante en lo más puro de su intención. Es allí, en efecto, y sólo allí, donde lo problemático es sobrepasado, y al mismo tiempo, donde la inminencia de muerte se anula desde esta vida en una plenitud que es el ser mismo. Que la santidad realizada en algunos seres, en algunos testigos a lo largo de los siglos, no constituya para los débiles humanos una anomalía indignante y monstruosa, que repercuta en los corazones, que sea para las conciencias vacilantes una incitación permanente a juzgarse y a esperar al intercesor cerca de Aquel al que ningún progreso de la técnica y del conocimiento, y de eso que se llama moralidad, reconciliará jamás con quien le implora desde el fondo de su cámara de tortura.» 5


Un abrazo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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  • » La llamada del Ser « - Sesma - 31/03/2004 00:57



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