Müller    goodoldhouse@yahoo.es Fecha  2/07/2004 23:06 
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Admin: Borrar mensaje La frontera
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Al pie de la orilla gallega del Miño tuve la ocasión, hace ya tiempo, de sentir la extraña sensación de pisar tierra fronteriza. Ante mis ojos remoloneaban las aguas, bajando hacia el Atlántico a medida que ascendía el Sol, y refluyendo cada vez que la Luna reclamaba las aguas para sí, desafiando a las leyes de la Madre Tierra. Las luchas, diarias e interminables, entre las ondinas del río y del mar por calar con su presencia los pinares ribereños da como resultado una frontera estable y pacífica entre los seres humanos. La titánica lucha de la Naturaleza contrasta con la delimitación pacífica de espacios políticos de las naciones: movimiento constante en lo natural, lánguida calma en lo humano.

Ahondando con la mirada en el horizonte no paraba de preguntarme qué diferenciaba la tierra en la que depositaba la atención, y la que me rodeaba. No apreciaba diferencias significativas, por mucho que me plantease el juego de las diferencias. Tan sólo al bajar los ojos y coincidir con el flujo y reflujo de la ría conseguía concretar un pensamiento: estas aguas son difíciles de cruzar; y todavía más si es de manera hostil...

Las leyes de los hombres son lo único que diferencia a una orilla de otra. Tierras bañadas por un mismo río y nutridas por la misma magia, aunque regidas por diferentes legislaciones y tributarias de diferentes señores. Las leyes naturales son comunes a ambos lados y son las que han determinado estas diferencias en el plano humano.

¿Qué considerar, pues, como frontera? No es sólo lo que separa a unos cuerpos de otros, sino también definir lo que une cuerpos entre sí para formar unidades identificables. Desde la perspectiva humana hay dos formas de hacerlo: por extensión y por comprensión. Por extensión se definirían todos los elementos que forman un cuerpo uno a uno, sin tener por qué trazar mayor conexión lógica entre ellos que la mera pertenencia al conjunto de cuerpos que forman el unitario. Esta definición toma la forma de una lista. Por comprensión se definirían los elementos teniendo en cuenta la razón lógica y matemática que les liga, generándose una fórmula. Ambas formas de definir un cuerpo pueden y deben compaginarse para obtener definiones óptimas que sean válidas a la hora de afrontar la asimilación y su posterior aplicación.

¿Hasta qué punto una frontera es fija? Las fronteras cambian y mutan con la misma facilidad con que lo hacen los cuerpos. ¿Cómo saber si algo me pertenece, se encuentra dentro de la frontera que me delimita? Teniendo control, explícito o implícito, sobre ello. Recientemente estuve chalando con un amigo músico sobre este tema. Ha construído un instrumento de su invención, y se siente orgulloso de su obra. Sin embargo, no siente que el artilugio sea todavía de su completo dominio, ya que no se siente suficientemente libre para poder utilizarlo en sus composiciones, así como en sus conciertos. Me comentó que su trabajo con este nuevo elemento musical no ha residido sólo en su fabricación material, sino que también ha de controlarle espiritualmente, determinando sus relaciones tonales y sonoras, afinándole para saber qué tipo de escalas y de frases musicales podrá generar con él mismo. Ha de controlar cómo utilizarle como elemento de comunicación con su público. Ha de lograr la comunión con el elemento material que utiliza como materia prima de su trabajo para asimilar también su forma espiritual y así dar rienda suelta a su espiritualidad en su labor. Sólo así podrá llegar al público, de manera íntegra, permitiéndole valorar en su justa medida el conjunto de su experiencia.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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