Sesma     Fecha  10/12/2004 18:15 
Sistema: Windows XP

Admin: Borrar mensaje La Aporía
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Personalmente, opino que el planteamiento es, dentro de la lógica analítica, incontestable. Pero precisamente por dirigirse de forma unilateral por medio de esta premisa de trabajo (La lógica), resulta una conclusión reduccionista.

Yo opino que el debate sobre la existencia o la no existencia de Dios no se puede resolver por medio de un sí lógico o un sí presuntamente ilógico. Tampoco creo afortunado realizar la comparación subliminal de Dios con la demostración de la existencia de un unicornio. Pues si Dios fuera algo tan accesorio como un caballo cornúpeto, la tradición metafísica desde Platón sería una bagatela. Y creo que muchos, sin embargo, son conscientes del peso y la gravedad de esta disciplina, de lo que realmente implica Dios.

Llegamos a la aporía: efectivamente, si concedemos a Dios los atributos que se han mencionado, la observación de la realidad, nuestra experiencia, cruje, no casan, el sistema chirría. Por lo que sin más dilación la razón expulsa el elemento discordante. Ergo Dios no existe, y así no es necesario buscar una justificación a la problematicidad de la existencia: injusticia, maldad, sufrimiento, muerte. Pero, ¿Qué sucede? La postura atea tampoco es capaz de explicar el sentido de esta problematicidad, como tampoco es capaz de explicar el sentido global de la existencia en sí. El ateísmo se resigna, la filosogía se convierte en ciencia, pues a partir de entonces ni siente ni padece, simplemente constata. La objetividad suple al sentido, a la vida. Por lo que la postura atea se ve aún más incapaz para explicar nada, se dedica a partir de entonces a desintegrar parcelas de la realidad, fragmentos, modalidades de una realidad efímera, sin sentido. Huye de cualquier tentativa metafísica, es decir, de cualquier intento por abarcar la realidad y dotarla de algún sentido trascendente. Pero la problematicidad de la existencia sigue ahí, acechando. La muerte sigue avizor. Y es así como el individuo cargado de sensibilidad hacia todo lo que ama, llega a formular la aporía: icomprensible que exista Dios y esta realidad plagada de males, incomprensible que exista esta realidad plagada de males sin un Dios.


Un abrazo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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