Müller    goodoldhouse@yahoo.es Fecha  16/12/2004 00:29 
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Admin: Borrar mensaje Estupidez artificial
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Se ha hablado muchas veces de la naturaleza de la inteligencia como característica netamente humana. Los resultados no han sido demasiado esperanzadores como para alumbrar una respuesta y poder determinar una definición válida. Pero podemos probar a definir lo que no es inteligencia y así obtener una conclusión mediante contraste. Y lo antónimo a la inteligencia es la estupidez.

Estupidez, según un diccionario cualquiera, es necedad, lo propio de un estúpido. Estúpido es lo estupefacto, lo poseído de estupor.

Si simular inteligencia resulta difícil en un objeto que no la posee por naturaleza, no lo es menos simular estupidez cuando hay una ligadura fuerte entre el objeto y su entorno. Si inteligencia significa entendimiento y adaptación al mundo circundante a la persona, estupidez es aislamiento, incomunicación. Tan necesaria es una como la otra. Es más, estupidez e inteligencia se confunden en nuestra percepción como fenómenos. Para lo que unos es inteligencia dada una situación, otros lo interpretan como estupidez.

Y es que no se puede hablar de inteligencia tomando un solo parámetro como referente. Aprovechando la terminología propia de la teoría de conjuntos, se podría hablar de la inteligencia como algo definible bien mediante extensión, enumerando los elementos del universo conocido, o bien mediante comprensión, enumerando las relaciones funcionales existentes entre los elementos del universo. Toda inteligencia que utiliza exclusivamente e procedimiento de comprensión o el de extensión se puede considerar estúpida. Ambos métodos no se excluyen, sino que se complementan. Inteligencia es, pues, equilibrio.

Autista es lo considerado cerrado, aislado. El autismo es la primacía de una frontera impermeable. Esa barrera permite una definición más acusada del ser en sí respecto a su entorno, mas lo aísla y limita. El ser autista gana en libertad lo que pierde en integridad.

Estupidez e inteligencia son, básicamente, las distintas caras de una misma moneda. Hay actitudes estúpidas que no dejan de requerir habilidades intelectuales de las que no todos disponen. Tal es el caso del ladrón de manzanas. Su actitud es estúpida porque el castigo al que se expone, y la exclusión social que conlleva, no compensa el objeto material que puede ganar con sus andanzas. Es más, canalizando sus esfuerzos de una manera más acorde a los dictados sociales obtendría muchos más frutos, tanto tangibles como intangibles. Las habilidades requeridas son similares. ¿Cuál es la diferencia? El plazo dado para aplicarlas, esto es, la paciencia dispuesta. La distinción que existe entre el ladrón vulgar y el banquero es sutil, y no es de competencia, sino de fe.

Ninguna persona se plantea el plazo en que se puede permitir esperar para rentar sus energías invertidas. No conscientemente. Por eso no se puede hablar de largo plazo; en cuanto se habla de ello, deja de existir y no podemos seguir considerándolo como tal. Es el poder destructor de la palabra, que no niega su fuerza constructiva. Toda información pierde su valor en cuanto se difunde; pero la difusión es la única manera de que se pueda contrastar. Por ello es preciso un referente primigenio, ajeno a toda palabra, que no se pueda nombrar. En cuanto se trate de asir, cuan sapo, se escapará de entre los torpes dígitos.

Estúpido es aislarse y negar la palabra cuando nos la piden. Pero es lo que acentúa nuestra humanidad y permite que no se ahogue en el mar de lo infinitamente ignorado.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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  • » Estupidez artificial « - Müller - 16/12/2004 00:29



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