Natalia     Fecha  16/03/2004 19:59 
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Admin: Borrar mensaje El último banquete
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El drama que vive la sociedad humana, prisionera entre la razón y la sinrazón, la ultraizquierda y la ultraderecha, el terror y la ternura, me recuerda el alto valor simbólico de la vida de Sócrates. El filósofo descalzo supo adaptarse por igual al periodo democrático y a la época de la tiranía de los Treinta. Durante el periodo de los oligarcas fue de los pocos que se fue a vivir al barrio ateniense de El Pireo, mientras la mayoría de los demócratas y sus familias corrieron a refugiarse en Tebas y Megara.

Sometido a grandes presiones políticas y religiosas a lo largo de su vida, no sólo por sus enemigos, también por discípulos como Critias, jefe de los tiranos, o por Alcibíades, un aristócrata anarquista y libertino al que Sócrates apreciaba, el filósofo usó la racionalidad ética y virtuosa como un método de supervivencia. Fue agredido e insultado pero resistió y sus ideales han perdurado hasta hoy.

Si bien fue condenado a muerte durante el retorno de la democracia, su vida también se vio en peligro en el tiempo previo a la tiranía tras la victoria ateniense en la batalla naval de las Arginusas. Los generales victoriosos, fieles al régimen democrático, fueron acusados por la facción oligarca de haber abandonado a su suerte a los náufragos.

Casualmente, Sócrates había sido elegido por sorteo para formar parte del tribunal de los Quinientos. Los miembros de la acusación presentaron testigos falsos e incurrieron en errores formales que invalidaban con claridad su alegato, pero supieron manipular con habilidad a los integrantes del consejo-tribunal, en su mayoría proclives a las tesis políticas de los tiranos, que aguardaban en la sombra la oportunidad de arrebatar el poder de Atenas a los demócratas. La minoría legalista en la que se hallaba Sócrates se vio desbordada y amenazada. Fueron conminados a acatar el veredicto de culpabilidad contra los nautas pues de lo contrario también serían condenados a muerte.

Supongo que en ese momento Sócrates vivió en carne propia el dañino fenómeno de la pinza, dónde las únicas alternativas que se le ofrecían consistían en claudicar (violar la ley y salvar la vida) o morir. El relato de los hechos nos dice que se negó a violar la ley con la única compañía del abogado defensor de los nautas, sólo dos individuos frente a 498. Salvaron la vida por insignificantes ante la rotunda mayoría de los que condenaron a muerte a los generales victoriosos. Mientras unos funcionarios enviados por el tribunal se dirigieron a la busca y captura de León de Salamina, uno de los nautas, Sócrates se encaminó a su casa.

Su actitud a favor de la ley le granjeó la enemistad de muchos conciudadanos, que se tomaron cumplida revancha el día del juicio en el que fue condenado a beber la cicuta. Si bien en aquella ocasión los cargos que se formularon contra él fueron diversos, entre ellos el de ateísmo, infringir la libertad de opinión y corromper a la juventud, su ejemplo de obediencia a la ley reflejaba su ideal comunitario por encima de una postura individualista. Asimismo, las crónicas dicen que sus condenadores se lamentaron de ponerle en aquella tesitura, fue soldado y ciudadano ejemplar, y sugirieron a sus amigos que lo animasen a huir, cosa que Sócrates no hizo. La versión socrática del “no pasarán” se resumía en permanecer fiel a sus convicciones éticas y jurídicas. Dio su vida por la comunidad demócrata, por la ética demócrata (la ética sólo puede ser virtuosa y demócrata, pues de lo contrario sería ideología tiránica) y como ejemplo moral a colegas y generaciones venideras.

No entraré a polemizar si el modelo socrático es útil o no, si es relevante o no, a mí me sirve y me congratulo por ello. Lo que quiero señalar es que la humanidad se encuentra cercada, sufre una pinza. Imaginemos un escenario circular con dos polos; rodeando el círculo y cerrando las dos aberturas en un abrazo fatal se encuentra un viejo conocido: Satán. Todos los movimientos políticos, económicos, filosóficos, culturales y religiosos de la historia humana acontecen dentro del círculo bajo la atenta mirada de Satán. El supuesto progreso humano viene condicionado por el Tirano. La supuesta liberación humana viene mediatizada por la Bestia.

Supongo que alguno se preguntará que lo que digo me lleva a un determinismo exagerado e irreal, por lo que pondré un ejemplo de lo que pretendo exponer.

Analicemos el ideario marxista a la luz de lo expuesto arriba. Desde el interior del círculo la sociedad goza de un margen de autonomía amplio, sigue sus propias leyes evolutivas, y trata de dar respuestas a las necesidades materiales con las que tiene que lidiar. El impulso liberador de las injusticias económicas y sociales efectuado por el marxismo es algo que la Bestia no pudo parar, como tampoco pudo hacer nada por detener el avance de otros idearios: cristianismo, liberalismo, ilustracionismo, empirismo científico, etc. Lo que hace el Perverso es colocarse en los intersticios de los avances humanos y radicalizarlos, dualizarlos al máximo, y para ello no para en gastos ni en agentes.

Así, una vez radicalizado el marxismo bajo la interpretación leninista y estalinista, y radicalizada también su contraparte, el capitalismo en sus versiones conservadoras y liberales, dos maneras de entender el mundo se convierten en sustancialmente antagónicas, enemigas feroces. Satán, desde la cima, arma a unos y otros, infiltra sus agentes, difunde el rencor y la desconfianza mutua y pone al mundo al borde del holocausto nuclear (recuérdese la crisis de los misiles USA-Cuba-Rusia; recuérdese el intento de Nixon por arrojar una bomba nuclear contra los vietnamitas del norte, parado a tiempo por Kissinger por temor a la represalia soviética). Cualquier progreso en ambos lados es por él distorsionado, dualizado, llevado a un peligroso y fatal extremismo.

Así ocurre en todas las áreas del conocimiento humano: medicina, investigación, enseñanza, telecomunicaciones, etc. La televisión es un claro ejemplo. Lo que en principio debe de ser un instrumento de formación, enseñanza y concordia se usa como un amplificador de rencillas, crueldad, desinformación y uniformización de las conciencias. La televisión se ha convertido en un somnífero universal, un medio para difundir las consignas más indeseables.

Una vez desaparecido el bloque comunista, Satán se las arregla para volver a crear dos enemigos: por un lado occidente, y por otro el islamismo radical y sus aliados. Vuelve a infiltrar a sus agentes, y derriba y asesina a los moderados pues Satán no puede sobrevivir sin antagonismo, Satán es un vampiro. Claro que la humanidad, a partir de su ego maleable y animaloide, contribuye a propagar la debacle y facilita con su irresponsabilidad los planes de aquel. Nada podría conseguir la Bestia si el ser humano fuese capaz de controlar sus pasiones bestiales y su violencia ancestral y genética. Pero como somos incapaces, volvemos a caer una y mil veces en la trampa del Perverso.

Lo curioso del caso es que se adivina inútil aventurarse en empresas bélicas contra el Perverso ya que domina ambos extremos: la ultraizquierda y la ultraderecha le pertenecen, comunismo y capitalismo se desplegaron bajo su atenta vigilancia, financia por igual a grupos terroristas y a los estados que los combaten ya que se encuentra en la cima del sistema financiero mundial. No hay nada que no controle, por lo que sería suicida arriesgarse a combatirlo por la fuerza. Yo al menos no lo aconsejo. Precisamente lo que desea el Vampiro es la furia desatada, la sangre, la peor anarquía. Tratemos de no engordarle más. Eso no quiere decir, por supuesto, que no le hagamos frente, pero hagámoslo desde la Ley y el pacífico sentido común.

De esta manera, y mutatis mutandi, se acerca el tiempo en que Satán se dispone a apoderarse definitivamente del planeta. Ha llegado la hora del último banquete. No nos queda más remedio que compartir el festín con un personaje tan indeseable como inevitable: su Satánica Majestad. Observemos con atención sus múltiples rostros, cómo nos empuja a la guerra, cómo maneja los grupos terroristas, cómo nos incita al odio, pero no caigamos en su trampa. La valentía no está reñida con la prudencia ni el arrojo con la serenidad. Con la dignidad que nos envuelve, con la experiencia que nos avala, con el amor que hemos prodigado a lo largo de los milenios mantengamos la firmeza.

En el último banquete todos somos Sócrates, pero esta vez no beberemos la cicuta, sino que por el contrario le ofreceremos a Satán la manzana más deliciosa del universo, la manzana de la paz, de la dignidad, de la buena fe. En su insolencia la rechazará, pero ese es problema suyo. A nosotros nos corresponde la Tierra, y será nuestra.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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