Arturo     Fecha  8/12/2004 17:02 
Sistema: Windows XP

Admin: Borrar mensaje El autoritarismo
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Pretender que todo lo que es producto del ejercicio de la razón es verdadero es incluso desconocer la historia de la ciencia y de sus continuos errores y correcciones. La razón está emparentada con el cuerpo, es su punto de partida, los animales razonan, solo que el hombre lo hace mejor que ellos, sin duda. Se puede observar, lo anterior, al fijarse como los animales se disputan: una presa, a las hembras; como defienden el territorio, como se organizan en jerarquías, etc. E incluso en nuestra sociedad actual existe una denominación que evoca la parte animal: ¨ la jungla de cemento ¨. El ¨ yo ¨ se aferra a las presas, cuida del cuerpo por medios físicos bien por medio de la provisión de alimento o por medio de la defensa directa de él. Recurre al truco, la trampa, si es necesario para obtener su recompensa o placer.


La actualidad nos permite encontrar en las luchas por el poder, otra manifestación de la jungla que llevamos dentro: ¿Parecerán, muchas veces, animales despiadados con una presa?, jefes pretendiendo tener la razón siempre y ser obedecidos; subalternos tras el puesto del jefe. Por supuesto que no se han mencionado las cosas, si se puede decir de alguna forma, ¨ buenas ¨ pero es por lo mismo de señalar un límite, del punto en donde el mismo mecanismo, que nos ayuda, se convierte en trampa. No es que esté ¨ mal ¨ y que se deba renunciar ahora a la razón sin más; tal cosa es como ya se ha escrito, un suicidio por decir lo menos. Pero a ella en vez de quitarle, se le puede agregar, se le puede dirigir mejor.


Envuelto en este mecanismo, el hombre común, desde tiempos ancestrales, desprecia al sabio y en su lugar lo reemplaza, en confusa elección, con el astuto y con el farsante. Fácilmente cae preso de ¨ los falsos guías ¨ (como dice una canción), despreciando la oportunidad que le otorga la Providencia. El mismo se condena por esta lógica apegada a la materia, por su misma mente aferrada al cuerpo y su placer.


En aquella frase dicha a Alejandro Magno, por un Sabio, se resume la actitud de este último, sin embargo, es de extrañar la actitud de Alejandro que no montó en cólera y lo haya mandado destruir; algo de sabio tenía aquel conquistador. Los dueños del mundo exigen la sumisión y esta es una de sus peores afrentas, o quizás lo tomó por un loco, un enajenado insignificante o un estúpido. Pero no hay que confundirse: tanto el dominante como el dominado son autoritarios y de una u otra forma pasarán, cuando tiene oportunidad, los sumisos, a desempeñar el papel de dominantes. Solo es cuestión de oportunidad.


El autoritario no entiende al sabio y le toma por loco, por estúpido o lo ve como una amenaza, conduciéndolo a su destrucción como hicieron con el sabio Sócrates, con Jesucristo (bendito sea), y otros muchos. Al ser humano, le cuesta mucho creer, como es el caso de Simón Pedro, quién, aun con el mejor de los maestros, cayó al agua y cuando solo, le pedía que confiara en El. No le estaba pidiendo dinero, (cosa que hacen algunas sectas) solo le pedía que confiara y parece que es cosa de mucho trabajo. Aferrados a lo que parece ser lo verdadero, nos cuesta hasta confiar en Dios. No había, creo yo, después de todo lo vivido, motivo para no confiar en El. A otros les fue peor como es el caso del sanedrín. Aquellos que se pretendieron sabios fueron los peores en comportamiento, allí había mucho en juego para ellos. Decidieron entonces eliminarle, pero antes de esto, hacerle blasfemar, que dijese que no era un hijo de Dios mediante el dolor, la humillación y la afrenta. Creo que se sintieron en ridículo, dueños, como se creían, de la palabra de dios ante su verdadero representante. Pretendían verle sumiso, cosa que no podía ser por elección de una voluntad a toda prueba. No calló en la tentación de caer en el círculo dominante-dominado, autoritario, de una razón salvadora. En una época en que los derechos humanos no existían, la idea era torturarle hasta ablandarlo, hasta que renegase de su enseñanza.


Tal es, entonces, la muestra de un resultado de la razón humana pretendiendo saber y hacer por si sola. Otra cosa es la facultad del hombre que tiene en su mente de pensar correctamente y otra la de tomar como punto de partida su cuerpo y su misma capacidad de percepción, solamente. Al tener más confianza en lo material, en lo físico y tangible el hombre tiene fe en el ¨ ego ¨ o ¨ yo ¨, permite que sea su conductor. Así, entonces, explicamos la actitud de los fariseos volcándose sobre sus escrituras ciegos ante la palabra viva de Dios. Su magia no podía ser sino producto del mal. De modo que aun viendo no creían, por que su ojo no lo permitía.

Buen día.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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