Sesma     Fecha  26/12/2003 22:07 
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Admin: Borrar mensaje Dios: palabra llena de sentido
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La cultura actual cifra «lo real» en lo racional. La razón es la facultad que se ha considerado legítima y autónoma para establecer los límites de la realidad. No obstante, es ahora, tras un extraordinario proceso de autocrítica del Logos, en el que reconocía sus propios límites, su condición limitada, cuando se deberían cuestionar o re~plantear los postulados racionales que han restringido nuestro horizonte de experiencia y, sobre todo, de expectación y esperanza.

Hay quien cifra «lo real» aporreando las cosas. Esto hacen los bebés: aporrean las cosas y se las meten en la boca. Aunque suene a comedia, no muy lejos de esto se encuentra la ciencia moderna. ¿Puedo desechar, sin más, el pensamiento o intuición de que el horizonte científico-filosófico es muy restrictivo conforme a «lo real»?

¿Y qué es «lo real» entonces? Lo que se deja aporrear y lo que no.

Si la pregunta es si considero que hay una realidad que excede la unidimensionalidad espacio-temporal que podemos experimentar y reflexionar ¿claramente?, la respuesta es sí. Creo que existen otros estratos de la realidad que aún no podemos percibir clara y distintamente tal y como yo aporreo ahora este teclado. Estratos de los cuales sólo tenemos constancia a través de ambiguas migajas. Sin embargo, la ambigüedad de algo, lejos de ser una prueba de su inexistencia, es más bien prueba de todo lo contrario. E incluso me atrevería a decir o afirmar que esta ambigüedad (trascendental) tiene su por qué.

Imaginemos que se pudiera llegar a una formulación lógica, irrefutable, sobre la existencia de Dios. Bien, tenemos que Dios existe, ¿y ahora qué? Sería justamente entonces, al cuestionarnos cómo debemos situarnos respecto a esa realidad – una realidad que incluye y hace posible todo lo que es o se considera real – cuando ésta se nos haría patente como tal.

Es cierto, el lenguaje – lejos de impericia, falta de talento, o simple haraganería por mi parte – se queda corto al intentar describir este tipo de experiencia. Es más, por muchos y muy bien escogidos que sean estos signos lingüísticos, agrupados en la sempiterna búsqueda de la verdad (absoluta o relativa), nunca lograré encontrar un sentido inmanente de «lo real». Este sentido tiene que venir de «fuera». Y es en este punto donde la revelación cristiana tiene pleno sentido (trascendente). Cuando se rechaza el misterio ontológico, volvemos a aporrear las cosas, a desintegrarlas en átomos, a reducirlo todo al estéril e impasible acontecer de los hechos del mundo, o abrazando directamente la sospecha de inanidad en aquello que se nos muestra perecedero.

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Dicen que el caos es un orden que escapa a la comprensión humana; y que, de la misma forma, el ser~humano es un cierto orden que no se comprende a sí mismo. Esto es totalmente cierto, pues hay una constante en la historia evolutiva del saber humano: la incertidumbre. Esta incertidumbre primordial es derivada de una cualidad anterior en el proceso: la limitación. En efecto, dependemos de nosotros mismos – seres limitados – para esclarecer las bases de una realidad que, al mismo tiempo que es condición y sustento para el desarrollo de nuestro discurso o Logos, es para el espíritu humano una asombrosa e inquietante desconocida; un misterio o enigma que, al mismo tiempo que nos plantea, hace plantear~nos; que nos soporta y al mismo tiempo nos ignora; una realidad más interna que ninguna otra y que claramente rebasa las competencias autónomas de sentido y significación, de actuación y verificación, forzando la producción, en plena y trágica alianza entre la razón y la imaginación, de un sinnúmero de hipótesis o teorías, las cuales se configuran como eterna tentativa de trascendencia.

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Cuando la arrogancia de la ciencia considera que Dios es aquello que se deja reducir a nuestro conocimiento claro y distinto, fácilmente contrastable, o no es, se falsifica radicalmente la realidad de Dios. Se pretende limitar a Dios bajo el horizonte de nuestros siempre imperfectos y limitados medios de análisis y de verificación.
Para que haya verdadero progreso sería necesario borrar la misma concepción de progreso y aceptar la humildad ontológico-epistemológica que proviene de la inversión de este planteamiento. Es decir, como seres limitados, aceptar que dependemos no de lo que nuestra ciencia dicte sobre Dios o la realidad última, sino de lo que Dios o la realidad última dicte sobre nosotros.
La problematicidad de la vida en ciertas cuestiones, agota la razón y ésta concluye en un radical rechazo. Esto podría interpretarse como un rechazo relativo. Sin embargo, renunciar al misterio de la existencia, se configura como un rechazo absoluto. No se rechaza tal o cual cuestión, tal o cual interrogante, algo extrínseco, sino que, abusando de su condicional don de la existencia, el espíritu sella un pacto con el sin-sentido y tala de raíz la legitimidad del cuestionarse acerca del misterio ontológico, poniendo en peligro su propia realidad salvo en un punto: su insondable y radical acción de rechazo. Esta es la profunda y trágica ironía que entraña el nihilismo. El abismo no admite controversias, es matemáticamente exacto y, por lo tanto, atractivo a la razón. Ante la duda, el 0 parece que nos hace respirar o, mejor dicho, expirar con exactitud.

Nuestra existencia es un hecho absoluto, pero también su contrario en este mundo: la muerte. La angustia que provoca la nada, el no~ser, es la que produce que nuestro ser se reafirme y configure como apelación de sentido (Logos) o como auto~negación (sin-sentido).

«¿Qué ventajas ofrecía la hipótesis moral cristiana? 1) Proporcionaba al hombre un valor absoluto, en contraste con su pequeñez y condición accidental en el curso del devenir y del desaparecer; 2) servía a los defensores de Dios, en cuanto dejaba al mundo, a pesar del mal y del dolor, la característica de la perfección – incluida la famosa “libertad” -; 3) atribuía al hombre el conocimiento de los valores absolutos y le daba así un conocimiento adecuado precisamente de aquello que más interesa; 4) impedía que el hombre se despreciara en cuanto hombre, que tomara partido contra la vida y desesperara de conocer; fue un medio de conservación. En suma: la moral fue el gran antídoto contra el nihilismo teórico y práctico» (F. Nietzsche)

¿A quién apelar: al todo (Dios) o a la nada (Nihil)? También nos corresponde decidirlo.


Si fuera un firme creyente ilustrado podría proyectarme y concentrarme ingenuamente hacia un punto y desear desde allí un juicio absolutamente objetivo; lo que nunca lograría sería que yo y mis palabras no participemos o estemos involucrados dentro de este marco inabarcable de experiencias que llamamos Realidad/Ser/Mundo.

Tampoco quiero hundirme en los abismos herméticos del misticismo. Aunque pedestres, juego y confío en estos signos que conforman el lenguaje para dibujar la esperanza de su legitimidad como reflejo de una realidad, en este caso, no arbitraria, sino intrínseca, trascendental.
Sin intención de entrar en polémica con aristotélicos o tomistas y mucho menos con el orgullo intelectual que les suele acompañar, para mí, Dios es una experiencia que trasciende cualquiera pensamiento o idea (necesaria). El error del Idealismo, bajo mi propia experiencia, es creer ingenuamente que las ideas no sufren la ley de la gravedad. Cuando de Dios se hace una Idea exenta, a modo de una monumental escultura de mármol, bella y proporcionada pero inmóvil, se cristaliza y automáticamente está expuesta a las inclemencias y la erosión del tiempo. Al final no queda más remedio que declarar que también las Ideas son sólo imágenes (eidola). Responder a la pregunta de si son imágenes que responden a una realidad eterna – aunque sea de forma inexacta e indirecta – o son meras fantasmagorías sin fundamento, no es tarea de la razón.

Dios:

Al que no aporreo ni saboreo y no deja de ser ambiguo y, sin embargo, también al que no me atrevería a decir que no siento. Sentido y sentimiento de lo inefable, de lo ético, de aquello que está allende el lenguaje y la lógica.



© Migajas~Poiéticas, Sesma                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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  • » Dios: palabra llena de sentido « - Sesma - 26/12/2003 22:07



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