Müller    goodoldhouse@yahoo.es Fecha  21/07/2004 07:24 
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Admin: Borrar mensaje Delimitando fronteras
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Una frontera no surge de manera arbitraria. Toda una serie de factores tienen su influencia a la hora de delimitar una entidad. Al generarse espontáneamente se sigue, sin duda, un patrón que determina la formación de los cuerpos. El Universo, en su ilimitada sabiduría, sigue sus leyes inexorablemente. Los seres humanos, como elemento excepcional que perteneciendo al Universo tienen capacidad de ser conscientes de la evolución del mismo, pueden percibir este movimiento y modelarlo en pautas de comportamiento para, asimilándolas una vez hecha abstracción del modelo, poder situarse fuera del Universo y anticiparse a los acontecimientos futuros. Es una grandeza del Homo Sapiens que no puede dejar de utilizar en su beneficio. De ahí que los filósofos audaces tengan como problema de mayor ambición la delimitación de los cuerpos, es decir, cuál es la naturaleza de la Unidad y su sentido dentro del Universo. Ninguna idiosincrasia ha sido capaz, hasta el momento, de anticiparse a los eventos por venir sin incluír un elemento inmaterial, espiritual e intangible. En la razón de ser del filósofo está la preocupación por lo espiritual. El materialismo obsesivo no refleja más que la incapacidad de los hombres por modelar exhaustivamente la realidad que le rodea. Mas el espiritualismo obsesivo, aquél que niega la realidad misma, es una sobresimplificación que ocupa la mente con algo amorfo, inhumano, como es el asimilar el Caos sin digerirlo previamente mediante la razón.

Modelización, abstracción, aplicación: los tres pasos de mi método filosófico.

De entre los métodos filosóficos que conozco, los clasifico en dos grandes bloques: binarios y ternarios.

Los binarios serían aquellos correspondientes a la filosofía oriental, en la que se definen dos conceptos clave claramente diferenciados – yin y yang – y que no precisan de mayor discusión e instrucción que aquella inculcada en el periodo de aprendizaje del método. El desarrollo del método mismo consiste en mezclar ambos conceptos clave y así definir, a través de las distintas escuelas, no sólo las maneras en que se unen y se diferencian los aspectos espirituales y materiales, sino también cómo aplicarlos al entorno cercano. En el clásico milenario del I Ching se tiene el mejor referente. Los modelos – yang – y la abstracción sobre los modelos – ying – se dan presupuestos de partida, siendo la etapa de aplicación la que prima en el quehacer del filósofo oriental. Por tanto, la práctica de los preceptos propios de su gimnasio es lo que prima. Es una filosofía gnóstica, que pretende abarcarlo todo, independientemente del contexto, precisamente obviando la aplicación de los modelos estudiados ya que se realiza de manera inconsciente, intuitiva. En la práctical oriental de la Filosofía no hay nada que ocultar porque tampoco hay nada que explicitar: todo lo que precisa ser conocido tan sólo necesita ser aplicado para poder adquirirlo. La experiencia personal vivida como laboratorio de ensayo cotidiano.

Los modelos ternarios son aquellos que no sólo usan los conceptos de materialidad y espiritualidad, sino que añaden un tercer concepto de manera explícita: la conjunción de ambos. El equilibrio entre materia y espíritu se plasma en un tercer término sumamente diferenciable, y que constituye otro elemento por sí mismo. La Cábala hebrea recoge el referente más cercano a esta forma de vivir la Filosofía. La religión cristiana es simplemente una adaptación de esta idiosincrasia al ámbito mediterráneo. Explicitando el componente adaptador se añade una capa mistificante. Este misticismo es una neblina que ayuda a construír y asimilar los modelos sin correr el peligro de cegarse al observarlos directamente. También permite tener en cuenta las limitaciones humanas y considerarlas como un elemento más de los modelos, dotándoles de una naturaleza cambiante y dinámica. Sin embargo, separa la teoría de la práctica filosófica. No sólo dentro de la labor intelectual de una misma persona, sino que dentro del sistema cabalístico se podrá encontrar a quienes se centran más en los aspectos teóricos y quienes hacen hincapié en los aspectos prácticos. De aquí que sea perfectamente comprensible que dentro de las escuelas occidentales es dónde haya surgido con más ímpetu el misticismo entendido como vía de entendimiento. Las escuelas filosóficas ternarias pueden permitirse especializar a sus adeptos para que, a medida que se inicien, vuelvan a subdividir las materias que estudian y vuelvan a hacer crecer sus respectivas escuelas.

Al haber crecido en un entorno católico, he absorbido los preceptos de la religión de una manera contextual, aplicándoles posteriormente en mis labores intelectuales de una manera totalmente inconsciente y natural. Al crecer, descubro el medio tal y como me le dan. Al llegar al punto en que tengo que hacer mi aportación a la sociedad, me adapto al entorno social en que vivo, reajustando lo que aprendí para hacer inteligible a mis prójimos. Una vez alcance la experiencia necesaria y haya madurado completamente, podré modificar el entorno que me rodea conforme a mis ideales y así hacer este mundo mejor todavía. Estas tres etapas en la vida atañen no sólo al periodo al que se circunscribe la vida biológica, sino que son relativas a la vida del alma. Antes de haber sido concebidos ya existían cánones que nos han modelado a imagen y semejanza de nuestros ancestros. Y después de la muerte física, nuestras obras siguen dejando su impronta allá adonde llegan. Nuestro recuerdo sigue perdurando en la memoria de quienes nos quisieron y quienes nos odiaron.

Alberto Mango habla del alma: “Encontré una explicación instructiva (de la magia) en el Liber sextus naturaliam de Avicena, en el que se afirma que en el alma humana mora una cierta facultad (virtus) de cambiar las cosas y de subordinar a ella las demás cosas, en particular cuando es arrebatada por un gran exceso de amor u odio o algo semejante. Cuando, pues, el alma de un hombre es presa de un gran exceso de alguna pasión, puede probarse por el experimento que ese exceso liga a las cosas mágicamente y las modifica en el sentido que desea; por largo tiempo no lo quise creer, pero después de haber leído libros nigrománticos y otros sobre signos mágicos (imaginum9 y magia, encontré que la emocionalidad (affectio) del alma humana es la raíz principal de todas esas cosas, ya sea porque debido a su gran emoción va alterando su cuerpo y las cosas a que tiende, ya sea porque a causa de su dignidad las otras cosas inferiores le están sujetas, ya sea porque la hora sideral apropiada o la situación astrológica o alguna otra fuerza coinciden con un tal efecto, que atrasciende todos los límites, haciéndonos creer en consecuencia que todo cuanto haga esa fuerza es hecho por el alma. Quien desee conocer el secreto de hacer y deshacer todo eso, debe saber que cualquiera puede influir mágicamente en todas las cosas si llega a ser presa de un gran exceso, y hacerlo con las cosas que el alma le prescriba. Pues el alma hállase entonces tan ansiosa de las cosas que quiere realizar, que espontáneamente aprovecha la hora sideral más significativa y más favorable, la cual gobierna también las cosas que mejor convengan a ello... y así es el alma que apetece las cosas con mayor intensidad la que las hace más efectivas y más semejantes a lo que luego resulta... de manera similar se produce todo cuanto el alma apetece con deseo intenso. Todo lo que el alma hace con ese fin, posee energía motriz y eficiencia para lo que anhela”. [Metaphysica Vera, parte III, “Secunda Scientia”, en Opera philosophica].

El método del I Ching consiste en dividir al azar cuarenta y nueve tallos de milenrama en dos partes, cada una de las cuales es contada, luego, de tres en tres o de cinco en cinco tallos, o en lanzar tres moinedas al aire, determinándose cada línea del hexagrama por el valor del anverso y el reverso (cara 3, cruz 2). El experimento se basa en un principio triádico (dos trigramas) y consiste en sesenta y cuatro mutaciones que corresponden a otras tantas situaciones psíquicas, las cuales son tratadas extensamente en el texto y los respectivos comentarios. Hay también un método occidental de muy antiguo origen que se basa en el mismo principio general que el I Ching; pero en Occidente ese principio no es triádico, sino, circunstancia muy significativa, tetrádico, y el resultado no es un hexagrama compuesto de líneas Yang y Yin, sino que se trata de dieciséis cuaternios integrados por números pares e impares. Doce de ellos se disponen, con arreglo a ciertas reglas, en un esquema de casas astrológicas. El experimento se basa en 4x4 líneas formadas por un número casual de puntos. Estos son marcados por el consultante en la arena o sobre papel, de derecha a izquierda. La combinación de diversos factores tiene en cuenta los detalles en mucho mayor grado que el I Ching, y de manera típicamente occidental. También aquí se dan bastantes coincidencias significativas, pero por lo general son más difíciles de comprender y por ello menos evidentes que los resultados del I Ching. El método occidental, conocido desde el siglo XIII con el nombre de Ars Geomantica o arte de la puntuación, y por entonces ampliamente difundido, ya que su uso solamente era mántico y nunca filosófico, cosa que ocurre con el I Ching.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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