nanmibia     Fecha  24/06/2004 03:57 
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Conferencia canallesca.

La canallería es una de las profesiones más difíciles de la vida, más terribles, más penosas, porque no hay duda de que la canallería no es una condición, es una profesión. El canalla nace, crece, se reproduce y muere en cualquier sitio, igual en los climas dulces, que en los fríos y brumosos del norte.
El canalla, como la planta de secano, no necesita riegos ni serios cuidados, se desarrolla en cualquier parte, a cualquier temperatura y contra toda influencia admosférica. Eso sí, tiene que serlo sin titubeos, sin vacilaciones, con decisión absoluta, si se detiene será despiadadamente pisoteado por la humanidad que le sigue, a la que van mezclados los otros canallas, congéneres suyos, que van tras él, para arrebatarle el premio de su cucaña.

La canallería existe porque muchos necesitan ser malos, para luego, inconscientemente, poder ser buenos.

Las tres poténcias espirituales de la canallería son: memoria, entendimiento y voluntad. Resultan admirables las personas que se atreven a arrostrar los insultos, las humillaciones, los vejámenes, los más asquerosos sinsabores, las patadas y coces de los mulos de arroyo, las insidias, las risas arteras de la humanidad, el desprecio, en suma, de una sociedad que los zahiere, escupe y maldice, pero que, cuando hayan alcanzado la posición que se propusieron, sabrá disculpar anteriores extravíos, gracias al éxito que, siempre, siempre, acompaña a los canallas.

La canallería sustituye, y muchas veces con ventaja, al talento, a la rectitud y a la honradez. Envidio a los canallas y hasta los admiro, porque ellos conseguirán lo que se propongan, y los admiro porque el desprecio que hacen del honor, me resulta como un bárbaro bello gesto, porque todo lo excelso es grande, y su excelsa ruindad nos deja absortos.

Judas Iscariote, que tan maravillosamente comenzó su carrera de canalla, no supo continuar su labor que, seguramente, le hubiera valido una buena prebenda en Judea y truncó la brillantez de su carrera. Quien pretenda ser canalla ha de procurar adueñarse de todos, mostrar abierto su corazón, - no el corazón de andar por casa, sino el otro, el de la profesión- . Habrá de parecer humilde, muy humilde, que la falsa humildad es el mejor disfraz de la soberbia y la ambición. Tendrá que saber reglamentar sus aspiraciones, porque la avidez hace perseguir muchas cosas a la vez, permitiendo alcanzar las menos importantes. Alabará siempre a diestro y siniestro, pero nunca lo hará sin interés, porque la alabanza es una cortesía hábil, oculta y delicada, y el ser cortés no quita de ser canalla. Se esforzará en demostrar tener varios pequeños defectillos, para persuadir a los demás que no los tiene grandes.
No hay que olvidar que es más peligroso hacer el bien que sembrar el mal, cuando de multitudes se trata.
En definitiva, ha de tener un constante desprecio por la vida, no de la suya, sino la de sus semejantes. Fuerza, salud y mala intención resumen las condiciones del canalla. Con las tres reunidas conquistará el mundo.

La fortuna nos enmienda de muchos defectos que la razón y la moral no sabrían corregir. La Rochefoucauld.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               


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