Helénica    julia.ga@teleline.es Fecha  25/07/2004 23:24 
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Admin: Borrar mensaje A la búsqueda del ciudadano perdido
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Una sociedad es un conjunto o grupo de individuos que interrelacionan con un fin determinado ya sean político, religioso, académico, etc. Según Clifford Geertz “La estructura social (sociedad) es la forma que asume la acción, la red de relaciones sociales realmente existentes. La cultura y la estructura social (sociedad) son, entonces, diferentes abstracciones de los mismos fenómenos”.

En el Diccionario de Sociología de S. Giner y Lamo de Espinosa podemos leer dos definiciones:

“Son sociedades cerradas aquellas en las que el comportamiento, oportunidades vitales y modos de pensamiento y acción están rígidamente preestablecidas. Ello puede ocurrir porque las costumbres tribales, creencias ancestrales o condiciones ecológicas lo hagan inevitable- como en las sociedades llamadas primitivas- o porque exista una forma de gobierno despótica o totalitaria que obligue a sus súbditos a seguir pautas dictadas por el poder.

Son en cambio sociedades abiertas aquellas en las que existe una considerable variedad de opciones de acción y opinión de sus miembros, cuyo comportamiento no es controlado enteramente por el poder central u otros poderes. Las sociedades abiertas se apoyan en nociones de responsabilidad, privacidad, ciudadanía y democracia”.

Ya por último, se puede afirmar que el IRC es una sociedad virtual con todas las características que concurren en cualquier otra. Así, el Libro Verde sobre la Sociedad de la Información en Portugal dice que ésta es “Una forma de desarrollo económico y social en el que la adquisición, almacenamiento, procesamiento, evaluación, transmisión, distribución y diseminación de la información con vistas a la creación de conocimiento y a la satisfacción de las necesidades de las personas y de las organizaciones, que juega un papel central en la definición de la calidad de vida y las prácticas culturales de los ciudadanos”. Pero ¿qué clase de sociedad es la que agrupa a los miembros de un canal? ¿Y cual desearíamos que fuese?

Durante siglos las personas, organizadas en sociedades, hemos luchado por encontrar formas de convivencia estables y duraderas para un mejor entendimiento y como solución a los conflictos que se plantean en cada una de ellas. En pleno siglo XXI y en Occidente creemos haber encontrado en la democracia la mejor fórmula de gobierno de las sociedades que, aunque no perfecta, permite el mayor número de derechos protegidos. Sin embargo, podemos encontrar reductos donde los derechos y la democracia aún no han hecho su entrada. Uno de ellos es el IRC.

Todos los sistemas corporativos, ya sean religión, moral o derecho pretenden defender o fomentar los valores y las normas que cada sociedad considera fundamentales. Ahora bien, ¿qué tipo de normas es las que defienden los canales del IRC? ¿Normas morales, éticas, de convivencia? ¿ Qué códigos rigen en la interpretación de esas normas? Por supuesto que en cualquier sociedad una parte de las normas se impone por medios coercitivos. Es lo que llamamos Derecho. Pero el Derecho surge para evitar la violencia, el egoísmo y la exclusión, no para someter al oponente. Y es por eso que cuando el Derecho intenta resolver conflictos, debe valerse de la racionalidad, es decir en la argumentación de las posturas. Se nos dice que mediante las normas se pretende evitar conflictos. Pero todo conflicto es inherente al ser humano. El conflicto no es un concepto negativo, es la forma en que se enfrentan determinados modos de pensar y de sentir. Y la convivencia consiste en asumir el conflicto como parte de la estructura social a la que estamos sujetos En nuestra condición de humanos está que podamos ser capaces de desarrollar mecanismos de convivencia útiles para nuestro propio desarrollo humano o por el contrario usar como coartada el conflicto para imponer nuestras ideas al otro.

¿Cuándo creemos que un conflicto está solucionado? La manera más elemental y primitiva de resolverlo es la punitiva, es decir, por el imperio de la fuerza, no la fuerza que da la legitimidad y que estaría sujeta a la razón, sino la que es factible. Y en el IRC el uso (y el abuso) de la fuerza siempre es factible.

Decía Weber que “el poder es la posibilidad de imponer la propia voluntad al comportamiento de otros”. Y Kurt Hold añade que el poder es “la posibilidad de hacer daño a otros”. De modo que en el IRC, como cualquier sociedad, se plantea el mismo problema que todas: poner límites al poder y fijar criterios de legitimación del poder. O por decirlo de otra manera: ¿Un canal existe en función de sus usuarios o los usuarios en función del canal? Desde nuestra capacidad de comunicarnos y de dialogar, desde el preciado instrumento del lenguaje debemos construir las bases del racionamiento en que se basa todo el conocimiento ya sea filosófico, científico o artístico. Y en una sociedad virtual, puesto que no contamos más que con la palabra para comunicarnos, ésta debe ser el pilar donde se apoyan todos los derechos de las personas.

Se nos dice que es importante conservar el orden dentro del canal. Saint Exupery afirma en uno de sus escritos que “El orden por el orden castra al hombre de su poder esencial, el de transformar tanto al mundo como a sí mismo. La vida crea al orden, pero el orden no crea a la vida”. Cuando el único valor a salvar es la cohesión del grupo ( la del propio naturalmente) la discrepancia es un peligro. Cualquier intento de introducir una reflexión crítica o nuevas ideas son censuradas implacablemente (quejas al foro). La cohesión de grupo es más valorada que la libertad individual.

Margaret Mead cuenta que durante su estancia en un poblado de la Melanesia una muchacha fue raptada por sus vecinos. “Cuando preguntó a los hermanos que sentían, estos contestaron: no lo sabemos, el jefe no nos ha dicho todavía lo que debemos sentir”.
Y es que desligarse del grupo es un riesgo que produce angustia, por eso es fácil comprender el refugio a la obediencia. Para muchos, la identificación con las ideas imperantes del administrador de cada canal sirve como certificado de permanencia.

Por el contrario, hay una absoluta libertad para la interpretación de las normas. Y eso no se discute. Llevar una “arroba” puede convertirte en un señor feudal con libertad absoluta sobre como interpretar los posibles “insultos”, las frases “inadecuadas”, el “tono” o incluso las “intenciones” que puedan subyacer detrás de una frase controvertida. Queda así reconocida implícitamente tu libertad de pensamiento pero no tu libertad para expresarla. De hecho la mayoría de los ops llevan su “verdad” pegada a la frente como los ortodoxos judíos llevan los fragmentos de la sagrada escritura atados a la frente. Así se consigue que siempre estén en contacto con la verdad. En esa cajita guardan la inflexibilidad, el adoctrinamiento, el fanatismo y la tentación de la bondad totalitaria. Cada día demuestran una gran eficacia en el arte de convencer a los demás: el argumento más empleado es el “ban” (el equivalente a las antiguas purgas). Los demás estamos acostumbrados a ellas y nos callamos ( o no nos callamos). Nos intentan convencer de que el IRC es un espacio privado, que podemos elegir entre irnos o quedarnos. Pero, ¿nos conformaríamos igual en otros ámbitos privados como puedan ser una escuela, un hospital, un cine o un restaurante? ¿Nos dejaríamos expulsar sin más?

Es cuanto los derechos y las normas entran en conflicto que surgen algunas preguntas: ¿Tienen los individuos derechos básicos antes de formar parte de una determinada sociedad? ¿Tienen los usuarios derechos previos al uso del IRC? Mi respuesta es sí, por supuesto.
Los derechos de las personas no dependen de la ley ni de las normas. Los tienen de forma inalienable cada persona: y uno de ellos es la libertad de expresión. Y una prerrogativa espiritual es el derecho a tener y expresar las propias convicciones y a comportarse de acuerdo a ellas. Él articulo 11 de la Declaración de los derechos del hombre de 1789 declara: “La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los más preciados derechos del hombre”. ¿Hemos retrocedido 300 años?

Algunas veces se pretende justificar el “ban” sobre la base de que lo que alguien ha dicho, carece de interés o de credibilidad. Para J. A. Marina “El derecho a la libertad de pensamiento no garantiza la verdad o el valor o el interés del contenido del pensamiento. Lo único que el derecho protege es la búsqueda personal de la verdad. Y en esa búsqueda uno debe comprometerse a escuchar argumentos ajenos, a atender a razones y a rendirse valientemente a la evidencia aunque vaya en su contra. Sin esa contrapartida, el derecho a la libertad pude convertirse en protectora de la obstinación y el fanatismo. Toda libertad trae consigo esa vinculación. En este caso la racionalidad bien entendida. El uso de la inteligencia se propone salir del mundo de las evidencias privadas, donde puede emboscarse el capricho, la obcecación o el dogmatismo, para buscar el mundo de las evidencias universales que pueden compartir todos los seres humanos... El irracionalismo lleva siempre a la violencia y a la exclusión... La dignidad se convierte en fuente de derechos y en norma de comportamiento. Solo la nobleza y la magnanimidad aseguran el justo entendimiento... Por racionalidad entendemos la búsqueda de evidencias corroboradas que pueden ser universalmente compartidas, y la crítica, la fundamentación, el debate argumentado con otras posturas, constituyen su método”.

El absolutismo desconfía de cualquier libertad que no sea la propia. Pues si todas las opiniones deben someterse a las misma leyes cuyo cumplimiento es exigido en virtud de las normas previas, en el IRC podemos comprobar que jamás un “oper” banearía a otro. Aparece así un corporativismo destinado a la autoprotección del clan. Las normas quedan para los demás y se imponen porque desde el poder porque, como ya se ha dicho, simplemente es factible hacerlo.

Debemos y tenemos la obligación moral de conseguir justicia afirmando, reconociendo y defendiendo los derechos individuales previos a la ley y a las normas, cualesquiera que estas sean, e independientemente de que pertenezcan al ámbito público o privado. Y hacerlo desde una idea de la libertad que nos permita en última instancia ser capaces de decir NO. ¿Debemos, cuando entramos en un canal, entregar ese derecho?                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                


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  • » A la búsqueda del ciudadano perdido « - Helénica - 25/07/2004 23:24



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