MUCHO se ha dicho de las luchas descarnadas por el poder en la literatura contemporánea. En 1984, por ejemplo, un partido mantiene en el caos a todo un pueblo, difuso en sus límites. En Un mundo feliz, la clonación de seres humanos está puesta al servicio de una clase dominante que no se sabe a ciencia cierta donde empieza ni donde termina. Pero qué ocurriría si la lucha fuese por el agua y los alimentos? Érase una vez el caos de Barriòs-Liviery, nos conduce a un mundo en el que los recursos escasean y todos se echan culpas en medio de un caos "planificado" por un grupo de hombres que supieron ver el desastre antes que nadie. Este grupo, los masones, surgieron como respuesta, en el siglo XV, al absolutismo monárquico. Pero pronto descubrieron que el agua y las tierras serían agotadas por el exceso de población promovido por la burguesía. Valiéndose de los políticos y las corporaciones, penetraron cada región del mundo y prepararon el terreno para la apropiación de lo poco que quedaría cuando el fin de la historia llegase. Hoy, en plena guerra por el petróleo, vemos la atroz realidad de quienes fueron "agraciados" con el don de la abundancia de oro negro. Mañana, puede que nos veamos a nosotros mismos luchando y muriendo por el don del agua y los suelos fértiles. Ya sea que el oro se presentase en su forma metálica, liquida-negruzca, o líquida-cristalina, el hombre siempre ha matado para conseguirlo. Curiosamente, quienes tuvieron el oro fueron masacrados a manos de quienes no lo tenían. Curiosa realidad que debemos revertir si queremos sobrevivir a los "desgraciados" por la naturaleza que matan y expropian a pueblos enteros, no por sed de sangre, no por sed de poder, no por sed de dinero, sino por propia necesidad, e incapacidad para articular formas de distribución equitativas para todos.
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» DE ORWEL Y HUXLEY A BARRIÒS-LIVIERY « - gustavo nuñez - 4/08/2006 21:19