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El Segurillo
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EL SEGURILLO
En el segurillo, un día, un papel fui a tramitar, y lo que yo pasé, verán. Me puse yo en mi colita, como todos los demás, y a eso de la hora y cuarto cuando ya me iba a tocar, me dice la buena chica: - No se meta por favor, por teléfono yo voy a hablar, que tengo que hablar con mi prima, que se acaba de casar. Pasó otra hora y media, cuando la sentí colgar, y voy y le digo: - Por favor, ¿puedo pasar? - No la puedo yo atender, me voy a desayunar. A las doce de la mañana, por fin, yo la veo llegar, y me coloco en la puerta, esta no se me va a escapar. - Señora, no se meta, por favor, que estoy esperando un fax. A la una y media larga, yo ya entro y sin llamar, y a mí me mira con asco y me dice que yo no puedo, que no estoy “aturizá”. Eran las tres de la tarde y yo ya estaba atacá, y le digo: - Por favor, que la cosa está arreglá. Y me dice: - Yo ya no puedo, que la hora está pasá, venga usted a hacerlo mañana, si para usted es igual, que acabo de terminar mi jornada laboral. Un señora me ve en el pasillo llorar, de esas de las de limpiar, y me dice: - No se apure. Y coge ella el sello y plaff, me ha arreglado mi papel, ¡qué persona más honrá! Y cuando salgo a la calle la veo tapear, y está diciendo a su amigo: ¡Qué manera de trabajar! Como no pongan más gente, es que yo me voy a estresar. Y me pongo enfrente de ella y le digo: - ¡Que te quiero abanicar, que con tanto trabajo estarás reventá! Tú no eres enfermera, ni profesional, ni ná, tu tienes el alma negra. ¿Y sabes lo que eres tú? ¡Una bruja con la escoba recortá?