asamblea universal    asamblea@todosuno.org Fecha  7/08/2007 14:16 
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“Ha llegado la hora en que los que rindan verdadero
culto al Padre, lo harán en espíritu y verdad.
El Padre quiere ser adorado así.”
Juan 4,23


Queridísimos hermanos/as:

No son pocos los esfuerzos, dedicación, kilómetros, reuniones, buena volunta, oración, que muchos hemos dedicado a la asamblea universal, como medio de hacer realidad lo que Dios lleva proponiendo desde siempre para todos los hombres: “Ser con su pueblo”.

Una misión que, por los pocos frutos de fraternidad recogidos a lo largo de la historia, sigue siendo hoy más urgente si cabe y pendiente para toda la humanidad.

En todo éste tiempo, hemos profundizado y buscado responder a la llamada que nos hace nuestro Señor, Jesucristo, desde el anhelo más profundo de la trinidad, a rescatar en su totalidad y máxima fidelidad y conciencia la única vocación: vivir como El vivió; para manifestarnos en unidad con todos nuestros hermanos, como cuerpo en total comunión. O sea, reconocernos definitivamente como hijos de Dios haciendo vida el Padre Nuestro.

Pero si no puede haber, ni la hay, mayor ni más preciosa tarea en el mundo, mientras más nos hemos adentrado en ella más ha quedado patente que requiere de nuestra parte:

o una nueva disposición del corazón
o un cambio radical de nuestros pensamientos y manera de entender
o una reeducación
o y sobre todo, un profundo enamoramiento de la Palabra, de Dios y de los hermanos.

Así, con franqueza y humildad, hemos visto en todo éste tiempo y hemos de reconocer el gran déficit y falta de convencimiento real que tenemos con respecto a todo esto.
En ésta búsqueda se ha comprobado, sin culpabilidades pero con la responsabilidad que requiere de nuestra parte, que no todos los que hemos respondido, lo hacemos desde los mismo presupuestos, que nuestra conciencia sobre la razón profunda que nos ha de mover y nuestro ofrecimiento son diferentes, que siendo el Reino de Dios y su justicia lo urgente e importante, priorizamos otros intereses y necesidades personales que no hacen más que retrasar la Vida para todos los hombres y deformar la imagen de Dios en la tierra y de la Iglesia de Jesús.

Es por ello que, siendo conscientes de la responsabilidad que como administradores tenemos, llamados a ser fieles en todo momento a la voluntad de Dios, tenemos que obrar en máxima coherencia con la realidad en la que nos desenvolvemos actualmente.
Ante todo esto, hemos visto con meridiana claridad que de nada sirven los esfuerzos e intenciones, si todo lo que hagamos no nace de lo más puro y hondo de nuestro alma. Con el convencimiento claro que queremos ofrecer nuestra vida, toda ella, al Evangelio y la construcción del Reino de Dios, no a nuestra manera de entender y como mejor creamos, sino según nos marca en todo momento la voluntad de Dios. Preguntándonos cada día de nuestra vida: Señor ¿qué quieres de mí, de nosotros?. Y en consecuencia, viviendo como nos mostró en su hijo, Jesucristo. Siguiendo su modo y manera de ser. Tras la huellas del maestro. Intentado en cada momento preguntarle: Señor ¿dónde vives?. Y con fe ciega respondiendo a su llamada: “Ven y lo verás”. (Juan 1,38-39).Todo lo que no se viva así, está contribuyendo al despiste y a apagar el Espíritu que está llamado a cubrir la tierra entera.


Por ello, desde el deseo profundo de encontrarnos con la razón de nuestra vidas, en fidelidad y autenticidad, sabemos que solo será posible desde una respuesta que nazca de la más profunda libertad de los hijos de Dios, sin coacción ni sometimiento, y desde el hambre de vivir su Palabra, su Proyecto.

No nos quedaba otro camino natural que desconvocarnos para que se dé una verdadera convocatoria permanente a vivir cada día según Él:

• Empezar un periodo jubilar en el que entendemos que para llegar de “una tierra personal a la Tierra conjunta” tenemos que encontrarnos con nuestra propia tierra
• Rescatar nuestro verdadero deseo y hambre de ofrecer nuestras vidas al Evangelio y su tarea.
• Encontrar verdaderas razones en cada uno de nosotros para optar por asumir la vida de Jesús desde la gratuidad y la alegría de haber encontrado el mayor tesoro.
• Al fin y al cabo, encontrar la verdadera respuesta a ¿Cuál es el tesoro de mi corazón?, sin la cual todo lo que hagamos juntos nunca podrá dar frutos del Espíritu.

Éste nos es un tiempo de desánimo ni desengaño… ¡¡¡todo lo contrario!!!
Es el momento importantísimo de entender y vivir las palabras de Jesús a la samaritana. Encontrar en cada uno de nosotros, primero, y luego en conjunto, que Dios nos pide que le adoremos en espíritu y en verdad, según su Espíritu y según su Verdad. Todo lo demás serán sacrificios infértiles.

Nadie llamará ni convocará salvo su Espíritu en nosotros. No responderemos a nada externo sino que buscaremos incansablemente optar por lo que verdaderamente esté naciendo en nosotros. (Que tu sí sea sí, y tu no sea no. Mt 5,37). Nuestro ofrecimiento y hambre será el que nos reúna cuando Dios quiera. Cada día nos plantearemos el dolor real que tenemos de todo y la necesidad del Dios que viene a traerme mi hermano. Es un tiempo llamado a sorprendernos, a rescatar lo mejor sembrado de Dios en nosotros. Al igual que el padre de familia (teniendo a todos y cada uno de los hombres en el corazón) saquemos lo viejo y lo nuevo. ¡Qué ha dejado de servir y cuánto quiere mi corazón buscar lo nuevo de Dios! Volviéndonos a encontrar los que Dios quiera, cuando Dios quiera y con lo nuevo de Dios.


Este tiempo es “nuestro tiempo”, “el tiempo de Dios”, somos sus manos, sus ojos, sus pies, sus voces,……. y él nos está esperando con paciencia pero con la urgencia del clamor de su pueblo.



“Confiar, cien por cien sin poner condiciones, confiar.
Confiar, para dejar que se me descoloque y dejar a Dios actuar.
Confiar, para entender que a cada día le basta su propio afán.
Confiar, para entender que hay un tiempo para todo bajo el sol,
y disfrutar de cada momento.
Creo que ahora necesito arrancar la parte de mí que no habla de vida las criticas destructivas y todo aquello que causa violencia e impide la paz.
La guerra hacia adentro, a combatir mis incoherencias, contratiempos, afuera solo acariciar mientras que dentro siga quedado por sanar, mientras que dentro siga carente de unidad”
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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