Host: No mostrado/ Not shown
IP: No mostrado/ Not shown
Sistema: Windows XP
"EL MISTERIO ES REAL"
Publicidad
EL MISTERIO ES REAL
Con la publicación de 'Ismaelillo', desapareció de la escena el hijo de José Martí. ¿Por qué?
Rafael Alcides, La Habana
lunes 10 de marzo de 2008 6:00:00
Para Lezama, Martí es "ese misterio que nos acompaña". Para Cabrera Infante, en una crónica de 1953, es "la conciencia nacional". En cierto modo, la misma idea. Pero ambas, la de Caín y la de Lezama, son metáforas. En el caso del hijo de Martí no hay metáfora. El misterio es real.
Se sabe que existió, y deducen que se llamó Ismael. Nombre que sacan del famoso libro de versos Ismaelillo, que Martí escribió por y para él. Eso es todo. Con la publicación de este libro (famoso por sus aportes formales a la renovación de la poesía de su tiempo), desaparece de la escena el misterioso hijo de José Martí.
Por lo que haciendo la "cola" del pollo, oí yo el otro día que había desaparecido siendo niño. El pobre, vivió en una época en que la tuberculosis andaba al galope por el mundo sin respeto para nadie. E Ismael, solo por ahí, con una madre de la cual no podía ocuparse Martí, por estar también pasando hambre allá por Nueva York, metido en sus trajines para la independencia, sucumbió. Imagínense, el hambre y la tuberculosis juntas.
Otro de los que seguían agregándose a la conversación en aquella cola en la que tenía delante unas cien personas, mencionó la fiebre amarilla, que también hacía de las suyas en aquellos tiempos. Y otro lamentó: "Tuberculosis o fiebre amarilla, el caso es que Martí no dejó descendencia".
"Tampoco así", dijo ofendida una maestra jubilada que es del Partido. "La descendencia somos nosotros, que somos más de once millones, más todos los cubanos del porvenir".
Entonces, otro que escuchaba un par de metros más allá, llegó con noticias. Ese muchacho, Ismaelillo, "se había gozado". Incluso, teniendo diecisiete años, peleó en la toma de Victoria de las Tunas, al mando del mayor general Calixto García, y terminó la guerra de Independencia con grados de coronel.
"Entonces hizo más que el padre", observó el que había mencionado la fiebre amarilla, "porque el padre no vino a la Guerra de los Diez Años, aunque edad de sobra tenía para haberla cogido a la mitad.
La señora del Partido alegó que Martí no vino a esa guerra porque la daba por perdida, por eso se había quedado allá afuera preparando la siguiente, que es en la que (cosa para ella nueva) habría estado Ismael.
Pasaban ya de veinte los participantes en aquel forum de la adivinación sin que se supiera qué pasó después con Ismael, cuando un anciano recién llegado que vestía de blanco aportó algo. Por lo que de pequeño oyera en su casa, todavía en el año '40 vivía el hijo de Martí. Y su nombre no era Ismael. No podía asegurarlo, pero le parecía haber oído que no era Ismael.
Lo que no entendía, seguía diciendo el anciano, era que en Cuba no se le mencionara. Mucho cariño para María Mantilla, la hija supuesta, pero ni una señita para el hijo legítimo. Y en el pasado, igual. ¿Por qué? Que él supiera, no ocupó cargos gubernamentales, ni lo había visto después mencionado en listas de enriquecidos, fuera en la política o haciendo de abogado de compañas imperialistas.
"Tal vez, viendo el desastre en que terminara la república salida del sueño de su padre, se refugió en la soledad asqueado de la política", comentó una teniente coronel.
"No era para menos", abundó una joven estudiante. "Paga el padre esa república con la vida en la manigua; a la madre, acá en la Isla, le cuesta vivir de viuda casi desde su casamiento mismo, aun cuando Martí no hubiera muerto, y el pobre Ismael o como se llamara, ha tenido que pagar eso con una infancia desdichada viendo a la madre sufrir y extrañando a un padre que casi no conoció. Fotos probablemente y muchas cartas. Yo tampoco me habría interesado en la política".
"Bueno, pero ahí estaba el Partido Comunista, que le hubiera devuelto su fe en la humanidad", dijo la maestra, lamentando oír a una joven expresarse en esos términos.
El que había hablado de la fiebre amarilla no la dejó seguir.
"Ismael —precisó— no estaba obligado a saber lo que era el comunismo. Además, tal vez conociera un artículo en el que Martí trapea el suelo con el socialismo. Búsquelo en sus Obras Completas".
"Sí, también Martí tuvo sus limitaciones", admitió disculpándolo la maestra.
Haciendo suyo aquel nuevo dato, la improvisada joven abogada de Ismael comentó: "En ese caso, por qué no suponer que un día el Partido le tocó en la puerta y él le dijo que no, o que siguiendo las ideas de su padre, pudo incluso haber hecho declaraciones contra el socialismo y ahora, por muy coronel de la guerra que haya sido, las está pagando".
Suposiciones a un lado, a estas alturas se sabía allí que el palacete que hoy ocupa el Centro de Estudios Martianos había sido la casa del hijo de Martí hasta su muerte, pero que él no lo compró, que era de su señora, una mujer muy rica cuyo nombre nadie en la cola conocía.
Tampoco el nombre de él, caso de que no se llamara Ismael, pudo saberse, ni qué sucedió, qué hizo ese coronel con su vida, fuera de casarse con esa señora rica, entre su participación en la toma de Las Tunas en la guerra del '95 y el día de su muerte. Es decir, si tales datos fueran ciertos, como le decía a la teniente coronel un gordito, alegando que, si lo fueran, por qué tanto silencio.
Yo, que los oía, qué podía decir. Sé del misterio del padre, porque lo siento en mí, porque me acompaña, pero del misterio del hijo no tengo la menor idea.
Host: No mostrado/ Not shown
IP: No mostrado/ Not shown
Sistema: Windows XP
EL HIJO DE JOSÉ MARTÍ
José Martí, poeta y patriota, fue posiblemente el cubano más ilustre del siglo XIX. Pero hoy hablaremos de su hijo, por el que sintió un inmenso cariño. Le dedicó el poemario “Ismaelillo”, que contiene bellísimas estrofas repletas de amor paternal. Se especula que Martí hubiera querido llamar a su vástago Ismaelillo, cuyo verdadero nombre fue José Francisco Martí y Zayas-Bazán.
Me ha resultado curioso encontrar en la prensa cubana un artículo sobre el hijo de José Martí. De hecho es la primera vez que leo sobre el tema. El artículo apareció hoy en el diario Granma. A continuación lo reproduzco.
Ismaelillo fue un hombre justo
“Hijo: Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando deberías estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Sé justo.”
Significa una gran carga llevar con dignidad un apellido ilustre. Suele exigirse, a veces hasta en demasía, que los hijos estén a igual altura que sus padres, mas los grandes hombres son irrepetibles. Tal es el caso de José Francisco Martí y Zayas-Bazán, quien arrastró hasta el final de sus días el enorme peso que significaba ser hijo de uno de talla universal como José Martí. En el caso de Pepito podemos afirmar que cumplió con su progenitor, porque vivió puro y fue justo.
Poco tiempo pudo permanecer nuestro Héroe Nacional junto a su hijo. Cuando Carmen Zayas-Bazán, la esposa del Maestro, regresa de Nueva York el 27 de agosto de 1891, será la última vez que Martí esté junto a su Ismaelillo, de apenas 12 años.
Su atormentada vida de revolucionario que se entrega, en cuerpo y alma, a la causa de la independencia de su Patria, y lo sacrifica todo, incluso a la familia, no le permite ese goce.
¿Qué tiempo han podido disfrutar del cariño mutuo esos dos seres? Puede resumirse así:
Del 22 de noviembre de 1878 al 25 de septiembre de 1879, tiempo que va desde el nacimiento del niño hasta la segunda deportación del padre; los siete meses que dura la primera estancia de Carmen y el niño en Nueva York, entre el 3 de marzo y el 21 de octubre de 1880; los dos años y tres meses que permanecen en aquella ciudad entre diciembre de 1882 y marzo de 1885; y por último, el periodo que media entre el 30 de julio y el 27 de agosto de 1891.
Como puede apreciarse, Pepito está junto a su padre solo tres años y diez meses. Sin embargo, la influencia del Apóstol sobre su vástago en tan breve tiempo es tal, que se verá en las decisiones tomadas por este último en el futuro.
Hijo: espantado de todo me refugio en ti
“¡Qué te diré del niño! ¡si no podrás imaginarlo! ¡Qué lengüita, no para! Todo lo dice, te conoce y no te equivoca, se llama Martí José, es muy valiente y lindo, no te quisiera decir que creo será un talento, todos se asombran y yo lo adoro. ¿Cuándo lo verás?”, refería Carmen en carta enviada desde La Habana en 1881.
De mayo del 86 hay una dura misiva de Carmen a Martí en la que le cuenta de sus sufrimientos y expresa que no tema, que en su alma no caben miserias y que siempre enseñaría al niño a que lo ame. Añade que desde ese día será el pequeño quien le escriba y ella lo hará solo en caso extremo.
Del niño se conserva una carta del 7 de agosto de 1886, muestra de que Carmen cumplió su palabra:
“Papá yo te quiero mucho. Cualquiera cosa que tú me mandes me gustará. Mamá sabe que nunca pasará un día sin acordarme de ti. Dicen que soy tu retrato y estoy contento. Muchos besos de tu hijito Pepe.”
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
Siendo muy joven aún, llega José Francisco a la Universidad de La Habana. Ingresa en la Escuela de Artes y Letras, y matricula la carrera de Derecho Civil y Canónico; luego cursaría otras asignaturas.
Sus estudios quedan interrumpidos por la muerte trágica de su padre en Dos Ríos. Trata de manera infructuosa de recuperar el cadáver, y ante la imposibilidad marcha a Nueva York, lugar desde donde envía una carta a Gonzalo de Quesada que evidencia el gran dolor por la irreparable pérdida:
” Mi amor de hijo se ha resistido largo tiempo a creerlo. La horrible realidad se ha impuesto a mi espíritu de tal suerte, que mi pensamiento no puede apartarse de ese dolor. Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado. Tengo 16 años pero las energías todas de mi alma, están dispuestas para llorar a mi padre, como hijo y como cubano”
Viene a Cuba en 1896 formando parte de una de las expediciones que se organizaban en apoyo de la guerra necesaria. No había cumplido 17 años y ya está en la manigua bajo el mando del general Calixto García Íñiguez; es soldado de artillería.
En gesto de grandeza no acepta montar el caballo Baconao, que le envía Salvador Cisneros Betancourt —el mismo que cabalgaba Martí cuando muere—, porque “no tiene méritos para ese honor”.
Participa en varios combates, y por el arrojo mostrado en la toma de Victoria de las Tunas recibe los grados de teniente. Luego sería ascendido a capitán, grado con el que terminó la contienda del 95.
Tras la proclamación de la República, desempeña diversos cargos —llega a ser general jefe del Ejército y secretario de Defensa durante el gobierno de Mario García Menocal, su compañero de armas.
A los 37 años se enamora de María Teresa Vances (Teté), único fruto del banquero español Victoriano Vances, con quien contrae matrimonio en 1916. De aquella unión no quedó descendencia alguna.
El 22 de octubre de 1945 José Francisco Martí y Zayas-Bazán rindió su último aliento, víctima de una prolongada enfermedad. Por sus méritos recibió honores de mayor general durante el sepelio.
El hijo de Martí cargó con la gloria inmensa de ser engendrado por una figura cimera de la Patria, mas no intentó ser émulo de su padre ni se colgó nunca de los hilos luminosos de aquel para escalar. Su gran mérito fue asimilar el ejemplo de aquella vida ejemplar y comportarse a su altura.
Nota: Ismaelillo, título del pequeño poemario que José Martí dedicara a su hijo. Escrito en Venezuela entre enero y julio de 1881. Ismael era el hijo de Abraham y Agar, tronco de los árabes, y el nombre que alguna vez Martí dijo haber deseado para su José Francisco.