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 Barbarito     Fecha  15/04/2007 10:53 
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Reneé, una cubanita del siglo XX
[Por: Orlando Segundo Arias]

Voy a evocar en esta oportunidad a una mujer extraordinaria. Los lectores juzgarán si es válido o no este calificativo. Para mí sí lo fue, al rememorar cómo enfrentó la vida, la multitud de sucesos en que se vio inmersa en su larga existencia, el papel desempeñado en el campo de las letras cubanas, unido a la interminable lista de personalidades de la política y la cultura que hicieron historia en nuestro país a lo largo del pasado siglo y que alternaron con ella o se contaron entre sus allegados, amigos o correligionarios.

La biografía de Renée Méndez Capote, una cubana de origen burgués y de posiciones señaladamente izquierdistas, está llena de peripecias: fundadora del Lyceum Lawn Tennis Club, fue expulsada del mismo por defender el derecho de las mujeres negras a integrar aquella institución. Una dama que desde el pináculo de la mejor sociedad habanera pasó a objeto de escándalo, luego de su divorcio de Manolo Solís Mendieta, gerente de la famosa tienda El Encanto. Como viajera tuvo la rara suerte de contarse entre los pasajeros de la última travesía del siniestrado ferry Morro Castle, sobrevivir y, encima de ello, recibir después la acusación, desde La Habana, de haber sido ella la incendiaria. Por su activismo
social sufrió prisión en varias ocasiones y resultó cesanteada con frecuencia.

Agreguemos a lo anterior que tuvo la oportunidad de contar con la amistad de personas como Manuel Sanguily, Ana Pávlova, la estrella rusa del ballet clásico, Lola Rodríguez de Tió y María Villar Buceta; pintores de la talla de Leopoldo Romañach y Domingo Ravenet; de damas como América Arias; del pianista y compositor Ernesto Lecuona y el poeta Gustavo Sánchez Galarraga; el escritor José Antonio Ramos; del maestro de la juventud cubana, Enrique José Varona; don Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring y Luis Felipe Rodríguez; Antonio Guiteras Holmes, Alejo Carpentier y tantos otros, entretejiendo un conjunto formidable.

Si lo relacionado todavía no fuera reflejo de una personalidad relevante, agregaremos sus colaboraciones en periódicos y revistas de la época: Diario de la Marina, El País, El Mundo, Gráfico, Social, Bohemia; el dominio de lenguas extranjeras, que la convirtió, a su paso por la Biblioteca Nacional, en la perfecta interlocutora de visitantes foráneos, lo que la facultó, más tarde, ya en la Editora Juvenil, para la traducción y adaptación de Ivanhoe, de Walter Scott, y El último mohicano, de James Fenimore Cooper, por solo citar dos casos. A Renée, Renecita o Renata, que de las tres formas respondía al llamado de sus numerosos y muy ilustres amigos, el patriotismo, la rebeldía y el amor por la cultura le venía en sus genes: hija del general de brigada Domingo Méndez Capote, licenciado en Derecho Administrativo y doctor en Derecho Civil y Canónico, quien fue profesor de Derecho en la Universidad de La Habana desde 1890 hasta su partida, en 1895, a la manigua redentora, donde presidió la Asamblea Constituyente de La Yaya y fue vicepresidente de la República en Armas; luego, en la paz, presidente de la Convención Constituyente de 1901 y vicepresidente de la República y presidente del Senado, bajo el gobierno de don Tomás Estrada Palma. Es de esa estirpe que nos llega Renée, quien, con Memorias de una cubanita que nació con el siglo, publicada en 1963, por la Universidad Central de Las Villas, inició la saga de libros de remembranzas colmados de anécdotas, sucesos y descripciones de ambientes y personajes, retratados con agudeza, humorismo y la fina ironía de su prosa colorida y amena, con garra para atrapar al lector.

Viajó a España, en 1928, precedida del relieve que le había proporcionado su actividad en la prestigiosa Sociedad Hispano-Cubana de Cultura, donde tuvo oportunidad de estrechar
aún más los lazos de amistad con figuras de la intelectualidad española de entonces como Luis de Zulueta, Fernando de los Ríos y el poeta Angel Lázaro, su amigo de la adolescencia en los años habaneros del mismo. Lázaro insistió en que Renée conociera al célebre Jacinto Benavente, y ese suceso nos ofrece ejemplo del filoso estilete de la Méndez Capote a la hora de desnudar caracteres.

Así describe la cubana su encuentro con el ilustre dramaturgo: El apartamento de Benavente me hizo mal efecto: muy rebuscado, a media luz, lleno de tapices y alfombras. Benavente nos recibió en bata de casa de brocado; se sentó en un sofá y nos ofreció a nosotros sillas, de manera que nos sintiéramos inferiores a él.(...) Habló sin cesar. Desprestigió a cuanto español antiguo y moderno había escrito algo. Para él, el único hombre de letras de España, digno de ser conocido, era Benavente.

A Memorias... siguieron otros libros, como Amables figuras del pasado, publicado en 1981, por la Editorial Letras Cubanas, donde la autora reunió trabajos que, a partir de 1966, publicara en el diario El Mundo, en una sección de idéntico título. Estas dos obras constituyen un muestrario de sus recuerdos de su Habana y de la nuestra, preservando, para los lectores del día, con la habilidad de una magistral artesana, hechos y sucesos, algunos de los cuales pueden resultar intrascendentes por sí solos, pero que, en conjunto, perfilan la dimensión humana de personalidades que fueron partícipes en los mismos y a quienes la neblina del tiempo ha convertido en seres míticos para los hombres y mujeres de hoy.

Así, por ejemplo, emerge la chispa cubana, cuando nos relata lo sucedido una noche en el Teatro Nacional, hoy Sala García Lorca, donde se encuentran presentes Pablo de la Torriente Brau, Juan Marinello y Pepilla Vidaurreta, junto a Renée y su hermana Sara, con Raúl Roa siempre alerta y haciendo comentarios llenos de gracia cáustica, ven llegar a un conocido intelectual, agarrado del brazo de su coloradota y rolliza esposa, y aquel Raúl, delgadito, vibrante, como de alambre electrizado, dice: Ahí llega L..., colgado de la aleta de su cetáceo; a lo que siguió la carcajada ruidosa de Pablo y la risa disimulada del resto, en tanto el aludido interpretaba que los jóvenes le recibían con alegría y cordialidad.

Los personajes de sus obras abarcan a todos los sectores sociales, desde los que desempeñan las ocupaciones más humildes (yerberos, pescadores, payasos de circo, caballerizos) hasta otros encumbrados, como banqueros o políticos. Mas en sus análisis se destaca la profunda cubanía de los mensajes, que en ocasiones contrapone a trasnochadas añoranzas por la etapa de la colonia. Lo anterior se ejemplifica en el caso del cubano, hijo de español y madre cubana, que, en una finca de las cercanías de La Habana, todavía en los años ‘50 mantenía un salón cerrado, en el cual había un estrado cubierto por una alfombra roja y encima de éste, bajo un dosel sujeto con lanzas doradas, colgaba un enorme cuadro al óleo de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, presidiendo la escena un trono de madera esculpida.

Con igual vigor muestra Renée su palabra airada contra la penetración e influencia norteamericanas en todos los ámbitos de la vida nacional de la época. En su defensa de lo cubano incluye el reconocimiento de los valores éticos y humanos de personas que otros autores de nuestro medio omitirían por tratarse de hombres poseedores de bienes y fortuna. Así, al referirse a los millonarios del patio José Miguel Tarafa y Oscar Cintas, los califica de dos criollos botarates, generosos, educados, cultos (...) Formaban una clase especial muy criolla (...) de hacendados que sentaron las bases de una sociedad que se apartaba esencialmente de lo peninsular y dio nacimiento a lo genuinamente criollo: Frías y Jacott, Aldama, Del Monte...

A Tarafa lo califica de muy simpático y cautivador y Graciela, hija de éste, se casó con Oscar Cintas, embajador de Cuba ante el gobierno de los Estados Unidos de América, a principios de los años ‘30, el hombre de la gran pinacoteca, una parte de la cual integra hoy las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes. El conjunto de los libros de memorias de Renée Méndez Capote ofrece una riqueza de detalles impresionante de la vida cubana de las primeras décadas del pasado siglo, que incluye la descripción y el orden de colocación del sinnúmero de refajos, sayuelas, enaguas y manguitos que conformaban el ajuar diario de una niña o señora de la clase media; las diferencias en el vestir entre casadas y solteras, con toda esa ropa cosida a mano, al igual que la confección de los zapatos. De la misma forma relaciona la elaboración de innumerables dulces caseros, cuya tradición quizás esté ya irremisiblemente perdida, pero que constituían entonces las delicias de chicos y mayores.

Por todo lo expresado, estamos ante documentos que reconstruyen toda una época, de valor comparable a las famosas Tradiciones Cubanas, de Álvaro de la Iglesia, para las centurias precedentes. La posibilidad de una reedición revisada y corregida de los mismos valdría la pena. Renée Méndez Capote, la historia de La Habana y las letras del país son acreedoras de ello.





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 Alicia     E-Mail Admin: Borrar mensaje Fecha  20/01/2008 03:37      Responder a este mensaje Volver al foro
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Re: "Reneé, una cubanita del siglo XX"
Estoy escribiendo la tesis de mi maetría sobre las obas de Renée, las cuales me encantan. Y me gustaría poder contactar a su hija Maricusa. ¿Alguien sabe algo sobre ella?
Gracias,
Alicia


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 SEPULTURERO     Admin: Borrar mensaje Fecha  15/04/2007 15:22      Responder a este mensaje Volver al foro
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Re: "Reneé, una cubanita del siglo XX"
Prolífera escritora de libros para niños, jóvenes y adultos. Renée Méndez Capote escribió a vuelapluma, sin detenerse a investigar, sin confrontar sus datos, pues todos sus libros estuvieron antes en su memoria, en la buena memoria de una mujer que luego de haber escrito mucho alcanzó la celebridad literaria a los 63 años de edad con un libro deslumbrante en su armoniosa desnudez poética, nuevo, insólito, aportador. Miguel Barnet califica a Memorias de una cubanita que nació con el siglo como un clásico del testimonio.

Todo lo que entre la risa y el regocijo escribió la Méndez Capote, lo vivió antes. La amenidad y la frescura son rasgos esenciales de su estilo, y también el humor que se aprecia en suaves refracciones, a veces, y que es criollo y zumbón, en otras. En Amables figuras... incursiona en sus recuerdos sobre una veintena de hombres y mujeres del siglo XX cubano; gente representativa de la cultura, los negocios, la banca y la política, y también del ambiente popular habanero. Por el ojo de la cerradura recrea la vida de la aristocracia cubana durante las décadas iniciales del Siglo XX, con sus costumbres y personajes, escándalos y hechos curiosos: un mundo que la autora conoció a fondo.

Otro libro suyo, Hace muchos años una joven viajera, recoge las memorias de su periplo por Europa y América, un peregrinar que le permitió conocer a algunos reyes y a muchísimos personajes pintorescos, y vivir momentos dramáticos como las horas pasadas a bordo del vapor Morro Castle envuelto en llamas y a punto de desaparecer en el mar. Entonces se acusó a la Méndez Capote de ser la autora del siniestro.


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 SEPULTURERO     Admin: Borrar mensaje Fecha  15/04/2007 15:20      Responder a este mensaje Volver al foro
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Re: "Reneé, una cubanita del siglo XX"
Me alegraba el alma Reneé Mendez Capote. Por el nombre muchos pensaban que era un homber, René.

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