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…El canto de los cuervos, me despertó, del letargo provocado por la inusual acometida sexual de Patricia, quien pálida y hermosa yacía a mi lado, en el lecho con olor durazno y ocre; de las comisuras de sus labios sobresalía el virtual camino natural, del caer del liquido carmesí, que derramado de mi cuello apuntó a la satisfacción mundana, en la sed nocturna de la hembra. El dolor en mis partes nobles por las sacudidas violentas y aspirantes oleadas de Patricia, casi me hicieron quejarme a gritos, pero pronto aquel dolor desapareció cuando bebí todavía un poco del sobrante elixir de vida que aún latente se desbordaba de los pechos de patricia; sus rosáceas, redondas y trémulas aureolas que circundaban, conteniendo a sus pezones del mismo color, no disimulaban la tacita invitación a cobijarlos con mis labios, rasgarlos con mis colmillos; de un solo golpe cerré las cortinas, que cual escudo nos protegían de los rayos quemantes del astro luz; y bajo esa separación de tinieblas, solo esparcidas por los olores matutinos, sexuales, duraznos, a sangre…succionaba con fuerza sus pechos, Patricia, ante tales caricias, despertó y se incorporo, dejando colgar aquellas frutas maduras, que como peras, por la fuerza gravitatoria, colgaban encima de mi boca, apresándolos y mordiéndolos, cada vez con mas y mas fuerza, los ojos de aquella quimera femenina, se abrían de vez en vez, solo para inyectar en la mirada de Martín, lujuria extrema; de pronto se acomodó de nuevo encima de él, centrando su túnel de amor en la estaca del varón, lubricada por el líquido hemático que se derramaba de mi propio pene; introduciéndolo, mas y mas hasta el limite mismo de su hendidura vaginal…y moviéndose rítmicamente, aquella hembra gemía, gritaba , gruñía de placer; cuando se postro en cuclillas ante el macho, y cabalgando, sentándose, hundiéndose, una y otra vez en la estaca, dura como piedra…derramándose por la comisura de sus labios vaginales, el resultado liquido de sus endemoniados orgasmos, lanzo un grito como aullido en idioma desconocido, invocando a las criaturas de la noche…como rito sangriento sexual…como llamado a las almas en pena…un rayo de luz púrpura, apareció de improviso en la habitación del motel de atlacholoaya…y un siniestro y brutal ser, algo atractivo…pero del inframundo, con un enorme pene erguido, se situó detrás de Patricia, que yacía sobre mi, aún con mi miembro dentro de ella; Patricia, volteo y miro al masculino ser con beneplácito y lujuria, y con los ojos brillantes y rojos de hembra en celo, le dijo: “…penétrame por atrás, quiero sentir dos miembros dentro de mi…”; de inmediato el aparecido ser, obedeciendo cual esclavo sexual, situó su pene, en la entrada de su orificio trasero, y con lubricante natural surgido como néctar de la punta de su estaca, empezó a taladrar lenta, y profundamente en la vía no idónea, las entrañas de Patricia; Yo con naturalidad también empecé a moverme, cada vez mas rápido, alternadamente al pintoneó del pene del ser de iframundo invocado por Patricia…ella, gritando aullando de placer, derramando lagrimas, por el placer provocado por los dos machos, gritaba: “…quiero mas, mas massssssssss, ahhhhhhhhh…
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